@abrilpenaabreu
En República Dominicana vivimos atrapados en un círculo vicioso de contradicciones. Cada vez que se filtra un video de una pelea escolar, un acto de bullying o un maestro agredido, nos rasgamos las vestiduras. Clamamos por seguridad, por disciplina, por control. Pero cuando el Estado intenta poner orden, entonces gritamos “represión”, “violación de derechos” o “ambiente carcelario”.
Lo que hoy está en debate es la instalación de cámaras de videovigilancia en escuelas públicas. Un proyecto que, aunque aún en fase parcial, ya ha encendido la polémica. Y no es para menos: estamos hablando de un espacio sagrado como lo es la escuela. Pero la pregunta es: ¿sagrado para qué? ¿Para educar en valores o para dejar que reine el desorden?
En un país donde los estudiantes pueden agredir a sus compañeros, a sus profesores, o destruir mobiliario sin consecuencias claras, la vigilancia no puede seguir siendo un tabú. Porque ser niño o adolescente no es sinónimo de inocencia automática. También pueden delinquir. También deben rendir cuentas.
Esto no se trata de criminalizar a la niñez. Se trata de protegerla. De prevenir abusos —de todo tipo—, de intervenir a tiempo, y de tener pruebas cuando alguien viola los límites. Y si alguien piensa que las cámaras violan el derecho a la privacidad, habría que recordar que la violencia escolar también viola derechos: el derecho a estudiar en paz, a ser respetado, a no tener miedo dentro del aula.
Por supuesto, el uso de cámaras debe estar regulado. No deben estar en baños, ni en espacios íntimos. Debe haber transparencia sobre quién ve esas imágenes y para qué se usan. Pero de ahí a demonizar su instalación como si fueran el fin de la infancia… hay un abismo.
La realidad es esta: no hay calidad educativa sin orden, y no hay orden sin normas claras. Las escuelas no son cárceles, pero tampoco pueden ser tierra de nadie. Y el Estado no puede seguir actuando como si el caos escolar fuera una etapa “normal” del crecimiento.
Es momento de entender que no podemos tenerlo todo: exigir seguridad y oponernos a todo lo que implique control es, simplemente, hipocresía. O educamos con responsabilidad, o seguiremos llorando frente a cada video viral sin hacer absolutamente nada para evitar el siguiente.



