Editorial

Autismo en República Dominicana: entre avances legales y abandono real

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@abrilpenaabreu

Cada 2 de abril, el mundo se tiñe de azul para visibilizar el autismo.

Pero en República Dominicana, más que luces, lo que hay es una deuda pendiente, porque sí, hay avances, pero no son suficientes.

El país dio un paso importante con la promulgación de la Ley 34-23 sobre atención, inclusión y protección de las personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA). También se han iniciado esfuerzos desde el Estado, incluyendo un plan piloto de atención a través de SeNaSa.

Sin embargo, cuando bajamos del papel a la realidad, la historia es otra. República Dominicana ni siquiera tiene un registro oficial de personas con autismo.

Aun así, algunos datos permiten dimensionar el problema: más de 6,300 certificaciones de discapacidad por TEA han sido emitidas entre 2017 y 2025. El 94% corresponde a menores de edad. En centros públicos como el CAID, más del 75% de los niños atendidos tienen autismo. Solo en el CAID, miles de niños reciben atención, pero con listas de espera de hasta 3 y 4 años y eso es solo lo visible.

Porque la realidad es que miles de casos no están diagnosticados, ni registrados, ni atendidos.

Hoy, en República Dominicana, tener un hijo dentro del espectro autista no es solo un desafío emocional… es una sentencia económica. Entre terapias, especialistas, medicación, educación y alimentación especializada, el costo puede rondar o superar los: RD$100,000 mensuales

Y lo más grave es que los seguros de salud no cubren adecuadamente estas condiciones, las terapias esenciales siguen siendo privadas y costosas, la alimentación especializada —clave en muchos casos— es poco conocida y aún menos accesible y la medicación, cuando es necesaria, también recae en el bolsillo familiar

En un país donde el ingreso promedio no alcanza ni la mitad de ese monto, la inclusión se convierte en un privilegio.

Hay que admitir que Estado ha hecho esfuerzos, pero claramente no al ritmo que exige la realidad: los CAID no dan abasto, las aulas especializadas del Minerd son limitadas, la inclusión escolar sigue siendo más discurso que práctica y la formación docente en neurodiversidad es aún insuficiente

El resultado es claro: la atención real sigue en manos del sector privado y eso significa que quien no puede pagar… simplemente queda fuera.

La paradoja dominicana es evidente: tenemos ley… pero no implementación plena, tenemos programas piloto… pero no cobertura masiva, tenemos conciencia creciente… pero información insuficiente.

Pero sobre todo: tenemos familias solas, porque el autismo no es solo una condición médica, es una realidad social, educativa y económica.

Y hoy, en República Dominicana, sigue siendo tratada como un tema marginal.

El autismo no es una enfermedad que se “cura”, es una condición que se acompaña y ese acompañamiento no puede depender del nivel de ingresos de una familia.

El país necesita, Un registro nacional real y actualizado, cobertura obligatoria en el sistema de salud, expansión urgente de los CAID, Inclusión educativa efectiva, programas de orientación familiar (especialmente en alimentación y manejo conductual).

Pero sobre todo, necesita entender algo esencial: Esto no es un tema de salud solamente, es un tema de justicia social.

En este Día Mundial del Autismo, no basta con vestirnos de azul, hay que preguntarnos: ¿Estamos construyendo un país donde todos los niños tienen las mismas oportunidades? Porque hoy, la respuesta es incómoda y necesaria.