Por Manuel Antonio Vega
El Pregonero, Santo Domingo. –Planificación, tecnología, cooperación, industria nacional y capacidad humana comienzan a integrarse en una defensa preparada para los desafíos actuales.
La defensa moderna no se mide solamente por la capacidad de responder cuando surge una amenaza. Su verdadero nivel de preparación se demuestra cuando logra anticiparse, coordinar recursos, reducir riesgos y actuar con rapidez antes de que una situación pueda comprometer la seguridad o la vida de las personas.
Desde esa perspectiva debe analizarse el proceso que desarrollan las Fuerzas Armadas dominicanas bajo la conducción del ministro de Defensa, teniente general Carlos Antonio Fernández Onofre, ERD. Las acciones ejecutadas en áreas distintas comienzan a revelar una misma orientación: pasar de capacidades aisladas a un sistema integrado de prevención, vigilancia y respuesta.
La seguridad de los Juegos Centroamericanos y del Caribe representa un ejemplo concreto. El dispositivo comenzó a organizarse con más de seis meses de anticipación, contempla el despliegue directo de más de 2,600 militares en alrededor de veinte instalaciones y suma unidades de apoyo en sus áreas periféricas.
Más que una movilización de personal se trata de una operación que exige inteligencia, logística, comunicaciones, coordinación interinstitucional y supervisión permanente. La ausencia de incidentes relevantes durante su desarrollo confirma una verdad fundamental: la seguridad efectiva casi siempre comienza mucho antes de que el público pueda percibirla.
Esa capacidad de anticipación también se manifiesta en la respuesta ante emergencias. Las experiencias adquiridas frente a estructuras colapsadas han sido convertidas en doctrina, entrenamiento y adquisición de tecnología especializada para búsqueda y rescate.
Ese aprendizaje institucional permitió activar en pocas horas una misión humanitaria hacia Venezuela, integrando personal del Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea, el Cuerpo Especializado de Mitigación de Emergencias y Desastres y otras instituciones nacionales. República Dominicana demostró así que puede organizar y proyectar capacidades de asistencia más allá de sus fronteras.
El fortalecimiento del CEMED amplía esa posibilidad. Su nueva infraestructura, sus equipos y la preparación de su personal colocan al país en mejores condiciones para responder ante terremotos, huracanes, incendios, inundaciones y otros eventos de gran impacto. La aspiración de convertirlo en un centro regional de entrenamiento para Centroamérica y el Caribe demuestra que la defensa dominicana también puede generar cooperación y liderazgo humanitario.
En la frontera, la estrategia combina infraestructura, movilidad e inteligencia tecnológica. La verja perimetral alcanza un desarrollo de 56.6 kilómetros, con más de 50 kilómetros terminados, y ha mostrado una efectividad estimada cercana al 95 % en los sectores donde se encuentra instalada.
Su importancia no descansa únicamente en la barrera física. Las carreteras de patrullaje, la iluminación, los sistemas de comunicación, los drones autónomos y el monitoreo permanente desde el C5i permiten detectar movimientos irregulares, transmitir coordenadas y movilizar unidades terrestres con mayor precisión.
Esta integración reduce actividades ilícitas, mejora el conocimiento de la situación y fortalece el control territorial. La tecnología no sustituye la presencia del soldado, pero multiplica su alcance y le proporciona información oportuna para tomar mejores decisiones.
La cooperación internacional constituye otro componente esencial. Las amenazas actuales no reconocen fronteras: narcotráfico, narcoterrorismo, crimen organizado y otras modalidades de delincuencia transnacional requieren intercambio de inteligencia, confianza entre aliados y capacidad de actuación conjunta.
La coordinación permanente con países de la región, junto con el apoyo del Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea y los organismos de inteligencia a la Dirección Nacional de Control de Drogas, demuestra una comprensión más amplia de la seguridad. Defender la Nación también significa identificar riesgos externos antes de que logren penetrar o consolidarse en el territorio nacional.
A esta visión se suma la recuperación de la Industria Militar Dominicana. El ensamblaje de decenas de ambulancias y de los vehículos blindados FURIA, así como la fabricación de uniformes, mobiliario y otros equipos, representa mucho más que una actividad productiva.
Significa reducir la dependencia exterior, generar conocimientos técnicos, crear empleos especializados y garantizar una mayor capacidad de mantenimiento y reposición. La producción proyectada de alrededor de 120,000 uniformes anuales, con ahorros aproximados del 35 %, demuestra que la industria militar también puede contribuir a mejorar la eficiencia en el uso de los recursos públicos.
La modernización tecnológica y productiva debe avanzar junto con la profesionalización de la carrera militar. El fortalecimiento de la educación, los incentivos para estudiar y la defensa de ascensos sustentados en el mérito procuran que la preparación, la conducta y la capacidad de mando ocupen el lugar que les corresponde.
El bienestar del personal completa esta estructura. Las mejoras en las rotaciones fronterizas, las compensaciones económicas, los alojamientos, la alimentación, la cobertura médica y la atención integral de la salud mental fortalecen la moral y la disponibilidad operacional. Cuidar al soldado no es una medida separada de la defensa: es una condición necesaria para cumplirla con excelencia.
Lo verdaderamente significativo es la conexión que comienza a observarse entre estos avances. La frontera se fortalece con tecnología; la tecnología se respalda con personal formado; la respuesta humanitaria se apoya en doctrina; la industria nacional sostiene la logística; y la cooperación internacional amplía la capacidad de anticipar amenazas.
Las Fuerzas Armadas avanzan hacia una estructura más articulada, profesional y preparada. No se trata solamente de adquirir nuevos medios, sino de ordenar capacidades alrededor de objetivos claramente definidos.
Toda transformación de esta naturaleza requiere continuidad, evaluación y actualización permanente. Las amenazas cambian y la tecnología evoluciona con rapidez. Por eso resulta fundamental preservar una orientación que está fortaleciendo la planificación, la coordinación y la capacidad de respuesta del Estado dominicano.
El mayor valor de este proceso consiste en haber comprendido que la defensa del presente no puede limitarse a reaccionar. Debe observar, anticipar, aprender y prepararse. Esa es la dirección que comienza a consolidarse: unas Fuerzas Armadas capaces de proteger la soberanía, responder ante las emergencias y actuar con visión estratégica al servicio de la Nación.



