Por Onofre Salvador Fulcar
Faltando un tiempo considerable para los comicios del año 2024, se empiezan a notar los aprestos del oficialismo tras la conquista de ciertas cabezas, con lo que se procura engrosar la organización polÃtica que le da sustento. Es politicamente correcto, si lo vemos como estrategia que busca debilitar al oponente.
Visto asà parece un juego cómodo, dada las posibilidades que se tiene desde el manejo del poder, aspecto que le sabe dulce a unos cuantos, pero mucho más a los que demuestran flojera en sus posiciones y convicciones. No hay dudas, esos caerán, han caÃdo siempre, es la simple historia repetida.
Con el transcurrir de los dÃas, estaremos viendo la inevitable corrida, sin embargo, no significa toda la ganancia, entendiendo que los procesos electorales giran a un lado u otro, de acuerdo a las coyunturas que se presentan, mismas que dependen del propio manejo de los gobiernos.
 Los pueblos son poseedores de sabidurÃa, lo que les hace reaccionar de modo adverso, desde que van descubriendo a aquellos que en los hechos no llenan las espectativas creadas. Tendremos tiempo suficiente para continuar viendo el manejo de las llamadas polÃticas públicas, su ejecución termina definiendo la prolongación o no de los inquilinos de palacio.
Proceso tras procesos, se ven los famosos brincos; las acciones habituales de los inestables, esos que no respetan las organizaciones polÃticas de origen, ofreciendo sus servicios sin pensarlo dos veces, a quien le brinde cobijo temporal y con quien estarán hasta que no vean algo más interesante.
Es sabido que lo único que asegura la permanencia en el poder, más allá de un perÃodo gubernamental, está referido a la ejecución de un mandato que sea capaz de responder a los requerimientos de la sociedad, al menos en sus necesidades prioritarias.
Aqui se apuesta a una oposición dividida como plan maestro, ahà están despejadas las dudas, pero se dice que en polÃtica 2+2, no necesariamente son 4, lo que llevarÃa a posibles cálculos erróneos, con resultados inesperados, tal como sucedió recientemente.
El despliegue de recursos no es carta de triunfo, los ejemplos abundan en ese sentido; basta echar un vistazo a procesos electorales como los del 2004 o 2020. Se hizo hasta lo no imaginable y se mordió el polvo de la derrota.
¿Los votantes tienen dueño?
ResponderÃa que las organizaciones solo cuentan con su voto duro, porción importantÃsima, pero que no decide el triunfo, hay que contar con aquellos que no aguantan muchas pendejadas; ciudadanos que comen, visten y tienen derecho a recibir un trato apropiado, decente.
Promesas como en tiempos de campaña, carestÃa en todo, deterioro en los servicios básicos, endeudamiento acelerado, improvisación por doquier, medidas populistas, en fin, pérdida vertiginosa de la calidad de vida, es el panorama actual. Contra eso no sirve de mucho, el andar conquistando uno que otro saltarÃn polÃtico, ya que las masas continuarán intactas y ellas deciden quien se va o quien se queda.



