Opinión Política

Pensar en grande, ejecutar en serio: ideas para una República Dominicana desarrollada al 2036

Por Abril Peña

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El presidente Luis Abinader ha hecho un llamado público a que todos ayudemos a construir una República Dominicana desarrollada de aquí al 2036, apoyando con propuestas desde la ciudadanía a través del programa República de Ideas. Como mujer política, periodista y ciudadana profundamente comprometida con el futuro de mi país, estas —a grandes rasgos— son algunas de mis ideas. Pero quiero advertir desde el inicio que el problema casi nunca es la falta de ideas; el reto está en implementarlas, hacerlas sostenibles en el tiempo y vencer los intereses particulares que a menudo sabotean el bien común.

1. Agregar valor a lo que ya producimos

Tenemos oro, cacao, tabaco, sal marina, mangos, banano, larimar… y los exportamos casi todos como materia prima. ¿Hasta cuándo seguiremos siendo el supermercado de los países industrializados sin industrializarnos nosotros? Necesitamos transformar lo que producimos: agregar valor local, crear fábricas en zonas productivas, convertir al campesino en socio del desarrollo y no en eslabón olvidado.

2. Apostar a los cerebros

La mejor riqueza de un país no está bajo la tierra, está en su gente. RD tiene talento de sobra. Lo que falta es visión estratégica. Hay que identificar, formar y retener a nuestros cerebros, vinculándolos directamente a los sectores estratégicos: tecnología, salud, agroindustria, energía, innovación. Si no lo hacemos, otros países lo harán por nosotros y seguirán llevándose a nuestros mejores talentos.

3. Un turismo que no se quede en el lobby del hotel

El turismo no puede ser solo para llenar habitaciones y cajas fuertes de cadenas extranjeras. Necesitamos un turismo de calidad, sostenible, diverso y humano. Uno donde las comunidades que rodean los polos turísticos sean parte activa del desarrollo. Donde un guía local, una artesana, un productor de cacao o un pescador también sean protagonistas de la cadena de valor.

4. Una educación personalizada, conectada a la realidad

No podemos hablar de desarrollo sin una reforma profunda en la educación. No se trata solo de tener más escuelas, sino de tener mejores maestros, currículos individualizados y una formación que responda a las necesidades reales del país. Hay que enseñar pensamiento crítico, habilidades digitales, competencias emocionales y técnicas alineadas a los empleos del presente y del futuro.

5. Regulación y justicia en el acceso a la vivienda

Estamos viviendo un proceso de expulsión silenciosa en los barrios tradicionales. El auge de alquileres turísticos como Airbnb, la especulación inmobiliaria y la ausencia de política habitacional están dejando a miles sin opciones. Propongo:

Incentivos fiscales para quienes alquilen a largo plazo a precios razonables.

Zonas de protección social que frenen el desplazamiento forzoso por presión del mercado.

Vivienda pública o subsidiada con diseño digno, conectividad y acceso a servicios.

Ordenamiento urbano con enfoque humano, donde vivir cerca del centro no sea un privilegio exclusivo.

6. Automatizar y modernizar: no somos un país museo

Difícilmente podamos hablar de desarrollo sembrando y construyendo como en el siglo XVIII. Es hora de una transición agresiva hacia la mecanización, automatización e inteligencia artificial en todos los sectores productivos. Esto no significa desplazar a los trabajadores, sino capacitarlos, reubicarlos y dignificarlos con herramientas del siglo XXI.

7. La cultura también produce desarrollo

Un país sin cultura es un país sin alma. Necesitamos invertir en cultura no como un lujo, sino como una herramienta de desarrollo, identidad y cohesión social. Escuelas de arte, centros comunitarios, apoyo a industrias creativas… Todo eso no solo genera empleo, también genera autoestima nacional.

8. Agua, tierra y alimentos: soberanía o dependencia

Si no protegemos nuestras fuentes de agua, si no tecnificamos el campo, si no impulsamos el consumo de productos del mar o la producción local sostenible, estaremos hipotecando nuestra seguridad alimentaria. El cambio climático es real, y hay que preparar al país para resistirlo, no solo con discursos, sino con políticas activas.

9. El Estado debe modernizarse también

Digitalizar el Estado es reducir corrupción, eliminar burocracia y acercar los servicios al ciudadano. Gobierno digital, justicia digital, salud digital. Todo lo que pueda ser más transparente y eficiente, debe serlo.

10. Sin compromiso político, no hay país que aguante

Finalmente, nada de esto será posible si no hay un compromiso político real y duradero entre todos los sectores. Gobierne quien gobierne, los temas país deben respetarse. Hay áreas donde no caben banderas partidarias: educación, agua, salud, institucionalidad.

Necesitamos un pacto nacional con visión a largo plazo. Lo contrario es seguir empezando desde cero cada cuatro años. Y así no se construye ningún país serio.

RD tiene con qué. Lo que falta es ejecutar con seriedad, proteger el bien común y tener el coraje de priorizar el futuro por encima de los intereses del presente. Pensar en grande, ejecutar en serio. Ese es el reto.

11. Un marco fiscal justo y adaptado a la realidad del país

No podemos hablar de desarrollo cuando la informalidad es la norma y no la excepción. Y lo seguirá siendo mientras el sistema impositivo siga siendo voraz para los pequeños e indulgente con los grandes.

Necesitamos una reforma fiscal que reconozca el tamaño, capacidad y etapa de crecimiento de las empresas. Hoy, un emprendedor en un barrio paga lo mismo —o más proporcionalmente— que una gran empresa con privilegios fiscales.

Un sistema así no incentiva la formalidad: la castiga. Si queremos ampliar la base tributaria, necesitamos un modelo progresivo, simplificado y amigable con las micro y pequeñas empresas.

Desarrollo sin justicia fiscal es una ilusión.