@abrilpenaabreu
Hay una tendencia que República Dominicana debe estudiar antes de que el problema se convierta en una crisis nacional. ¿Qué hace un dominicano cuando tiene 45 años, experiencia, estudios, capacidad para trabajar… pero nadie quiere contratarlo?
Porque ese es el drama silencioso que viven miles de familias, un estudio acaba de revelar que la participación de las personas entre 40 y 50 años dentro de la población desempleada pasó de 16.4 % a 20 % en apenas seis años. No estamos hablando de jóvenes sin experiencia, estamos hablando justamente de quienes ya demostraron que saben trabajar.
Lo paradójico es que el país envejece, la Oficina Nacional de Estadística advierte que cada vez tendremos menos jóvenes y más adultos, sin embargo, el mercado laboral parece caminar exactamente en sentido contrario. Estamos expulsando del empleo al grupo que más experiencia tiene, justo cuando más lo vamos a necesitar.
Si una persona deja de conseguir empleo a los 45 años y la jubilación llega alrededor de los 60, ¿cómo se supone que sobreviva durante esos quince años?
¿Estamos contratando talento… o juventud? ¿Vale menos un profesional por cumplir 45 años? ¿Tiene sentido invertir millones en educación continua si luego el mercado laboral considera “viejo” a quien aún tiene veinte años de productividad por delante? ¿Qué ocurrirá con las pensiones si miles de personas dejan de cotizar quince años antes de retirarse?
No podemos hablar de aumentar la edad de retiro, de sostenibilidad de las pensiones y de envejecimiento poblacional, mientras el mercado comienza a cerrar las puertas laborales a partir de los 40 o 45 años.
Quizá llegó el momento de dejar de preguntar por qué los mayores de 40 no consiguen empleo y empezar a preguntarnos cuánto le está costando al país desperdiciar su experiencia.
Porque un trabajador de 45 o 50 años no solo lleva décadas acumulando conocimientos; también ha criado hijos, ha pagado impuestos, ha cotizado a la seguridad social y ha sostenido buena parte del crecimiento económico de la República Dominicana. Convertirlo en “descartable” no es solo una injusticia con esa persona, es un mal negocio para el país.
Si de verdad queremos una economía más productiva, más competitiva y un sistema de pensiones sostenible, no podemos seguir tratando a millones de dominicanos como si fueran demasiado viejos para trabajar, pero demasiado jóvenes para retirarse. La experiencia no debería convertirse en un obstáculo, debería ser una ventaja.
Porque un país que desprecia la experiencia está condenado a repetir, una y otra vez, los mismos errores que quienes ya vivieron podrían ayudar a evitar. Y usted, ¿cree que en República Dominicana existe discriminación laboral por edad o todavía contratamos por capacidad y no por fecha de nacimiento?



