Este 3 de julio el mundo conmemora el Día Mundial Sin Bolsas Plásticas, una fecha establecida para llamar la atención sobre uno de los productos más contaminantes de nuestro tiempo: la bolsa plástica de un solo uso. Esas que usamos durante 15 minutos, pero que pueden tardar entre 150 y 300 años en degradarse, si es que lo hacen.
Mientras países enteros avanzan hacia la eliminación progresiva de estos productos, en República Dominicana seguimos atrapados en debates estériles, como el que acaba de protagonizar el vicepresidente del Conep, César Dargam, al calificar como “absurda” la reforma a la Ley 225-20 que busca restringir los plásticos de un solo uso en el país.
¿Absurda?
Absurdo es que cada año más de 8,000 toneladas de plástico terminen en nuestras costas y ríos.
Absurdo es que gastemos más de RD$200 millones en limpieza urbana sin atacar el problema de raíz.
Absurdo es pretender que proteger el modelo económico de unas pocas empresas justifica seguir contaminando por generaciones.
Dargam argumenta que la reforma carece de sustento técnico. ¿Y el daño ambiental? ¿La salud pública? ¿La economía turística afectada por playas contaminadas? ¿Esos no son datos técnicos también?
Sí, es cierto que la transición no puede ser improvisada. Que se necesita planificación, gradualidad, incentivos para la industria y campañas de educación ciudadana. Pero negar la necesidad del cambio solo para proteger intereses empresariales es una forma moderna de negacionismo ambiental.
La bolsa plástica no es solo un símbolo de consumo desechable. Es una metáfora de una economía que quiere avanzar cargando con los vicios del pasado. Y si cada vez que se intenta legislar a favor del medio ambiente se levanta un muro de resistencia empresarial, estamos condenados al estancamiento.
Este Día Mundial sin Bolsas de Plástico es una oportunidad para que los ciudadanos exijamos algo más que declaraciones. Queremos políticas. Queremos coherencia. Y sí, queremos reformas que estén sustentadas en evidencia, pero también en valentía.
Porque lo verdaderamente absurdo…es no hacer nada.



