@abrilpenaabreu
La elección del presidente Luis Abinader como máxima autoridad del Partido Revolucionario Moderno para el período 2026-2030 fortalece la unidad del oficialismo, pero también concentra sobre él una responsabilidad extraordinaria: dirigir su organización política sin permitir que los intereses partidarios se confundan con los del Estado.
El consenso alcanzado entre Abinader, Hipólito Mejía, David Collado y las principales corrientes del PRM evita, por el momento, una confrontación interna. Sin embargo, cuando faltan dos años para las elecciones de 2028, la verdadera prueba no será mantener juntos a sus dirigentes, sino impedir que la competencia presidencial paralice al Gobierno.
David Collado, Carolina Mejía, Raquel Peña y cualquier otra figura con aspiraciones tienen derecho a construir sus proyectos políticos. Lo que no pueden hacer es utilizar ministerios, alcaldías, nóminas, vehículos, publicidad o actividades oficiales para promoverlos.
Abinader deberá ser especialmente riguroso en este punto. Como presidente del PRM, le corresponde garantizar una competencia interna equilibrada; como presidente de la República, tiene la obligación superior de proteger los recursos públicos y asegurar que los funcionarios permanezcan concentrados en servir a la población.
El país no puede permitir que los próximos dos años se conviertan en una campaña electoral permanente. Quedan problemas urgentes por enfrentar, servicios por mejorar, obras por concluir y compromisos que cumplir. Los ciudadanos eligieron autoridades para gobernar, no para organizar estructuras presidenciales desde sus despachos.
La mejor campaña del PRM hacia 2028 no será la movilización de sus bases ni la exposición anticipada de sus aspirantes. Será una gestión capaz de responder al costo de la vida, la inseguridad, la educación, la salud, el transporte y las demás preocupaciones cotidianas de las familias dominicanas.
Abinader ha defendido la institucionalidad y la transparencia como parte de su legado político. Ahora deberá demostrar esos principios dentro de su propia organización, estableciendo reglas claras y evitando el favoritismo en la sucesión.
Su tarea no debería ser escoger personalmente a quien lo sustituya, sino garantizar que todos compitan en igualdad de condiciones y que ninguna candidatura sea financiada, directa o indirectamente, con recursos del Estado.
La unidad del PRM puede ser celebrada por sus miembros. Para el resto del país, lo importante será comprobar que esa unidad contribuya a una mejor gestión y no transforme al Gobierno en un comité de campaña.
Ese será el verdadero examen de Luis Abinader como presidente del PRM.



