El poder empalaga, ciega y hace que algunos pierdan el sentido de la proporción, al menos eso parece ser lo que le sucedió al antes intocable exprocurador Jean Alain Rodríguez, su soberbia, (si, porque el creerse intocable es lo que le permitió llegar a esos extremos), lo ha llevado a donde está y no nos referimos a la cárcel precisamente, si no al poco honroso lugar que ocupa en el imaginario popular como uno de los hombres más odiados en la sociedad dominicana.
Ni siquiera Ramón Báez Figueroa que arrastró la economía dominicana por el fango al punto que medio país quebró y 20 años después seguimos pagando los platos rotos, logró reunir en su persona la animadversión que sienten todos por él.
Ayer se cumplió un aniversario del Match entre él y la entonces jueza Miriam Germán Brito y que fue el inicio de su desgracia en la opinión pública, en aquel entonces en este mismo medio se le advirtió que uno sabe de hoy pero no de mañana, que el poder se acaba y que nadie es intocable, pero no solo se hizo el bruto, ciego, sordo y mudo, al clamor general a favor de la magistrada, si no que con sus propias manos continuó construyendo la maquinaria que luego le pasaría como una apisonadora, porque no cabe duda que por mucho que lo nieguen, y como algo propio de la condición humana ver caer a quien antes les pisoteó es algo digno de disfrutarse en su fuero interno y más cuando ese alguien ha sido el arquitecto de su propio destino, y ha dejado tras de si un camino no de migajas si no la panadería completa a juzgar lo que se sabe del expediente.
Solo hay que advertirles a nuestro querido trío en Procuraduría que se acuerden de Garzón y Rodríguez Janot y Sergio Moro, muy admirados por cierto en su momento. Nunca está demás estudiar los casos similares para cuidarse en salud.
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