Opinión

A los que nos importa el riesgo

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Patricia Rosado

En tiempos de lluvias, siempre viene a mi cabeza la preocupación por cómo enfrentamos los fenómenos naturales en nuestro país. La llegada de vaguadas y ondas tropicales no solo trae consigo intensas lluvias y posibles inundaciones, sino que también evidencia nuestras falencias en cuanto a prevención y preparación.

El riesgo ante desastres naturales no discrimina. No es una cuestión de clases sociales; es, en realidad, una responsabilidad que recae en los gobiernos para garantizar infraestructura segura y políticas de prevención efectivas.

En una nación propensa a huracanes, terremotos e inundaciones, no basta con discursos bienintencionados o promesas vagas. Es imperativo que las autoridades trabajen en medidas tangibles y concretas que realmente resguarden a todos los ciudadanos, sin importar su situación económica o ubicación geográfica.

Desde mi experiencia como periodista, trabajando en la Defensa Civil y viendo el riesgo y la vulnerabilidad de cerca, puedo afirmar que hace falta prevención y un apoyo más sólido de las autoridades que rigen la nación. La falta de preparación y de recursos en muchas comunidades aumenta el sufrimiento cuando ocurre un desastre. La prevención no debería ser una opción, sino una prioridad para salvar vidas y reducir daños.

Hubo un tiempo en que me indignaba y perdía la paciencia cada vez que algún fenómeno atmosférico amenazaba al país y veía la respuesta de la sociedad: su «falta de cooperación», que en ocasiones incluso era burlesca. Hoy sigo viendo esa misma respuesta, y nada ha cambiado; por el contrario, los daños son cada vez mayores, producto de los cambios climáticos y, también, del escaso deseo de las personas de aprender y cooperar. Si comprendemos que el gobierno puede no estar cumpliendo como debería, entonces iniciemos nosotros desde la individualidad. Cada persona debe ser parte de la prevención y la protección.

En su artículo ¿Los desastres son naturales o son políticos?, mi colega y amiga, Ramieri Delgadillo cuestiona la idea de que los desastres son solo fenómenos naturales, argumentando que una gestión inadecuada y la falta de medidas preventivas pueden transformar fenómenos naturales en catástrofes humanas. Esto deja claro que no son solo las fuerzas de la naturaleza las que causan estragos, sino también nuestra falta de preparación y conciencia colectiva.

Para quienes nos importa el riesgo, la prevención es el mejor salvavidas. Necesitamos consensos, medidas rápidas y coordinadas para que las pérdidas, humanas y materiales, disminuyan de forma visible.
Más allá de responder a las emergencias, debemos enfocarnos en evitar que las tragedias ocurran, invirtiendo en educación, conciencia social y responsabilidad personal, que hagan de la seguridad un derecho accesible y efectivo para todos.

Existen muchos a los que nos importa el riesgo.