Por Isis Alvarez
@isiscomunica
Esta madrugada a diferencia de anteriores en igual fecha escasos familiares y allegados de las víctimas se han apersonado al área de la discoteca Jet Set.
Entrada la medianoche de este martes sólo cuatro nombres de los 236 fallecidos tenían luces encendidas a su alrededor y frente a sus fotografías.
No sabemos si la escasa visita se deba a la lluvia que ha venido con este día o si por el contrario ha sido el cansancio del tiempo.
Ese tiempo que nos avisa la llegada de tres meses de una noche triste. Tres meses que al parecer han socavado el interés de algunos y encendido el interés de otros.
Recordemos las primeras semanas del suceso las cientos de personas que acudían a visitar la plaza El Portal a cualquier hora del día y de la noche para hacerle memoria a sus seres queridos con encendido de velas, cánticos, lamentos y oraciones.
Pero, esta noche eso ha faltado en este lugar, sobretodo al cumplirse un día como hoy tres meses. Solo estamos la soledad, el agente policial de turno y quien suscribe.
Dicen que el tiempo cansa, borra y cura. Pero, no para quienes perdieron algún pariente o sufren en carne viva alguna lesión mental o física de importancia.
Para ellos, como Vanessa Reyes, hija de Fernando Reyes, quien perdió la vida esa madrugada los dias y las noches incluyendo este 8 de julio son tristes, desconcertantes y sin respuestas.
Sin embargo, dice que la gente lo ha ido olvidando y le duele todavía más.
Nadie quería que esto sucediera, pienso que sus ejecutivos ni colaboradores se lo esperaban ni lo presentían.
Sin embargo, esto no les libra de responsabilidad ni de cargos penales.
La desgracia del Jet Set debe provocar reflexiones y acciones en nuestra sociedad, en diferentes estamentos del Estado y en nuestro sistema de justicia.
¿Qué ha cambiado después de esta tragedia?
Empezando por las víctimas y sus familiares, nada ha vuelto a ser igual, ni para los propietarios del lugar y sus familias.
Ni para los comercios alrededor de la discoteca, a excepción de uno o dos.
Ni para la sociedad que hoy mira hacia arriba atemorizada cada vez que ingresa a algún lugar cerrado.
Pero, también nos abrió los ojos ante la desnudez de nuestros equipos de emergencias y rescate. Sin armamento ni equipos suficientes para una tragedia de gran magnitud.
Sí, es una vergüenza.
Pero, más bochornoso es que a tres meses de esta desgracia el Estado no evidencian mayores esfuerzos y una política fuerte para obligar supervisiones exhaustivas de las estructuras físicas en el país con informes fiscalizados por el mismo Estado.
La tercera tragedia de un centro de entretenimiento nocturno más grande del mundo, según informes del diario El Caribe y sus fuentes..
Eso nos obliga a preguntarnos ¿por qué pasó?
¿Por qué el descuido, la inobservancia?
¿Cuál fue la cadena de responsabilidad por la cuál inició el falló?
¿Qué habría pasado esa noche si antes de las 12 de la medianoche la gerencia del centro hubiese acatado la supuesta sugerencia del encargado operativo y de reservaciones, Gregory Adames de suspender la actividad?
¿Por qué el señor Gregory Adames si tenía el instinto de que el lugar no estaba en condiciones de continuar con la actividad pasadas las 11 de la noche no insistió a la gerencia de suspender la misma?
¿Por qué no actuó con más carácter y decisión entendiendo que los invitados y los que trabajaban allí, incluyendo una alta ejecutiva de esa empresa corrian algún peligro?
¿Cómo vivirán los los familiares de las víctimas afectadas sin sus parientes, sin sus padres, sin sus madres, sin sus hijos?
¿Cómo vivirá la familia propietaria de este club nocturno con el peso de 236 fallecidos y una sociedad que razonablemente les acusa de homicidio?
No conozco estas respuestas con la veracidad que desearía y a tres meses de una noche tan triste puedo asegurar que tampoco la sociedad las sabe y quiere saberlas.
La escritora es periodista y comunicadora.



