Por Elvin Castillo
En política, como en el ajedrez, hay momentos en los que cada jugada debe ser milimétrica, calculada no solo para avanzar, sino para sobrevivir. En el escenario político dominicano actual, la oposición enfrenta exactamente ese tipo de partida. Si quiere tener posibilidades reales de volver al poder en 2028, no solo debe construir una alianza desde ya, sino también presentar un rostro que represente cambio sin generar fracturas: ese rostro es Omar Fernández.
Acá en El dominio del PRM
El Partido Revolucionario Moderno (PRM) ha logrado consolidar un poder institucional y político abrumador. Ganaron cómodamente la reelección en 2024, controlan el Congreso, las principales alcaldías y conservan altos niveles de aprobación. Con una maquinaria engrasada, voceros disciplinados, una narrativa de renovación y figuras jóvenes bien posicionadas como Wellington Arnaud, Eduardo Sanz Lovatón, David Collado o Carolina Mejía, el PRM se perfila, si no ocurre un quiebre interno, como el favorito para permanecer en el poder más allá de 2028.
Una oposición fragmentada y sin narrativa
El panorama en la acera opositora es desalentador. Por un lado, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) aún no supera el golpe de haber pasado de ser un partido hegemónico a una fuerza secundaria con liderazgo agotado. Por el otro, Fuerza del Pueblo (FP), con Leonel Fernández a la cabeza, no ha podido capitalizar un discurso convincente de oposición renovadora.
Peor aún: las heridas entre ambos partidos siguen abiertas. Leonel es visto por muchos en el PLD como un traidor; y el PLD, a su vez, considera que el expresidente los debilitó solo por su ambición personal. Bajo esas circunstancias, hablar de una alianza parece ficción… a menos que surja un factor de unidad.
Omar Fernández: lo nuevo sin ser un salto al vacío
Ese factor existe. Y se llama Omar Fernández.
El joven legislador representa lo que ningún otro actor opositor puede ofrecer: renovación sin improvisación, frescura sin inexperiencia, un apellido de peso sin la carga del rechazo histórico. Omar ha logrado posicionarse con perfil propio, demostrando disciplina política, madurez institucional y una sorprendente capacidad para navegar aguas divididas sin provocar turbulencias.
A todo esto se suma su creciente perfil internacional. Sin mucho ruido mediático, Omar ha venido realizando reuniones estratégicas con presidentes de América Latina, como los de Paraguay y Panamá, al tiempo que ha participado en foros internacionales que han fortalecido su imagen. En Estados Unidos, asistió a encuentros del Partido Republicano, donde defendió con firmeza el derecho soberano de República Dominicana a establecer su política migratoria frente a la inmigración ilegal, siempre bajo el respeto a los derechos humanos. También ha estado activo en escenarios europeos, sumando experiencia y ganando respeto fuera del país. Sin aspavientos, ha ido construyendo una estampa de liderazgo global que lo posiciona como una figura con proyección y visión de Estado.
No es casual que en todas las encuestas serias realizadas desde principios de 2025, Omar aparece como la figura opositora con mayor potencial de crecimiento. Supera a su padre en simpatía, pero no genera el rechazo que produce Leonel en amplios segmentos. Es, sencillamente, una figura “puente” entre generaciones, entre partidos, entre visiones.
El único capaz de unificar la oposición sin heridas abiertas
Si el PLD no aceptaría jamás a Leonel como candidato de una alianza, sí podría hacerlo con Omar. Lo verían como una figura aceptable, sin la narrativa del pasado. La Fuerza del Pueblo, por supuesto, lo respaldaría sin reparos. Incluso actores moderados de la sociedad civil y el empresariado que hoy ven con escepticismo a la vieja guardia podrían encontrar en Omar una alternativa viable.
Pero para que eso ocurra, la oposición necesita actuar desde ahora. Una alianza no se improvisa. Requiere tiempo, madurez, estructuras comunes, una narrativa compartida, acuerdos municipales y congresuales desde 2026, y sobre todo, una metodología clara para definir la candidatura presidencial sin destruir la coalición.
Un candidato que puede competir en lo simbólico y lo digital
Omar Fernández también tiene una ventaja generacional. Puede competir con las armas del presente: redes sociales, contacto directo con el electorado, una imagen joven, moderna, con proyección internacional y una historia personal que conecta con la ciudadanía urbana. El PRM ha dominado el relato digital. Solo una figura como Omar tiene chance real de plantarles cara en ese terreno.
¿Y si no es Omar?
La pregunta es legítima: si no es Omar, ¿entonces quién?
Ni Leonel Fernández ni ningún posible candidato dentro del PLD hoy tienen posibilidades reales de volver al poder. Están políticamente gastados, arrastran altos niveles de rechazo y no representan cambio. Ninguno de los precandidatos actuales del PLD o FP posee el carisma, el consenso ni el momentum que tiene Omar. No se trata solo de elegir a “alguien joven”, se trata de elegir a alguien electoralmente competitivo y emocionalmente viable.
Una imagen que lo cambiaría todo
Imaginen por un momento la siguiente escena: en un mismo escenario, Omar Fernández en el centro, con los brazos en alto, sostenido a la derecha por Danilo Medina y a la izquierda por su padre, Leonel Fernández. Una imagen improbable, pero no imposible. Una fotografía con más poder simbólico que mil discursos. El mensaje sería claro y atronador: el bochismo dividido por fin se reencuentra; la oposición deja atrás su historia de egos, traiciones y heridas; y el sistema político dominicano presencia un acto de madurez colectiva que podría redefinir su historia reciente. Esa imagen no solo generaría impacto mediático y político inmediato, también sería el combustible que encendería la chispa definitiva de una gran alianza nacional opositora. Una alianza con capacidad real de competir, ganar y gobernar. Una imagen que, más que símbolo, podría convertirse en la llave del retorno al poder.
El tiempo es ahora
La oposición no puede esperar al 2027 para comenzar a hablar de alianzas. El 2025 y 2026 deben ser años de siembra política, de construcción de confianza, de acuerdos municipales como ensayo general para una gran coalición. Una alianza no solo para ganarle al PRM, sino para ofrecer al país un proyecto creíble, moderno y responsable.
Y esa alianza necesita una cara que no fracture, que sume, que inspire.
Omar Fernández no solo es el mejor candidato que la oposición tiene. Es, quizás, el único viable



