Por Ann Santiago
Murió el Papa Francisco. Y no, no me conmoví.
No porque no tenga fe. Sino porque estoy harta de ver cómo nos venden santidad mientras encubren podredumbre.
Nos dicen que era un hombre bueno. ¿Y qué? ¿De qué sirve ser bueno dentro de un sistema corrupto que se disfraza de iglesia, que encubre violadores, acumula riquezas obscenas y margina al que piensa distinto?
La Iglesia Católica lleva siglos haciéndole trampa a la fe. Predica amor, pero promueve miedo. Habla de humildad, pero se sienta sobre oro. Predica misericordia, pero condena al que ama diferente.
Y ahora quieren que llore por el Papa. ¿Por qué? ¿Porque era menos hipócrita que los demás?
Lo siento, no puedo. No me nace.
Porque mientras él hablaba de justicia, su iglesia silenciaba víctimas.
Mientras él pedía paz, su institución seguía persiguiendo a mujeres, a disidentes, a todo el que se atreviera a cuestionar.
Mientras él pedía compasión, sus cardenales blindaban a los criminales con sotana.
Y sí, hizo más que otros. Pero no hizo lo suficiente.
No limpió la casa. Solo abrió una ventana para que entrara aire… y el olor a mierda siguió igual.
Yo no le debo respeto a una institución que ha sido cómplice del dolor de tantos.
Yo no le debo reverencia a una iglesia que guarda silencio ante el hambre, la violencia, el abuso.
No me interesa el protocolo del Vaticano. Me interesa la coherencia. Y esa, brilla por su ausencia.
¿Qué nos deja su muerte?
Un funeral de oro. Discursos llenos de hipocresía. Y la misma iglesia vacía que se derrumba sola, pero que sigue sosteniéndose por el miedo y la culpa que nos sembraron desde niños.
Yo no rezo por el Papa.
Rezo por las niñas violadas por sacerdotes y abandonadas por todos.
Rezo por los que fueron expulsados por amar a quien aman.
Rezo por cada madre que murió porque la iglesia decidió que su vida valía menos que la doctrina.
Dios no está muerto. Pero está harto. Y yo también.
Murió el Papa. Pero la vergüenza sigue viva. Intacta. Silenciosa. Poderosa.
Y mientras nadie se atreva a decirlo… también seremos cómplices.



