Por Karen Serrata
Recientemente, una dirigente del Partido Revolucionario Moderno (PRM) expresó que en la coyuntura política de 2028, el país no contaba con figuras femeninas con un liderazgo suficientemente fuerte para aspirar a la Presidencia. Sin embargo, esta afirmación contrasta con la realidad que estamos viviendo dentro de nuestra propia organización política.
Hoy vemos cómo dos mujeres de gran trayectoria y liderazgo han dado un paso al frente con miras al proceso electoral del 2028. Por un lado, Carolina Mejía, secretaria general del PRM y actual alcaldesa del Distrito Nacional, cuyo desempeño ha sido ampliamente reconocido. Por otro lado, la vicepresidenta de la República, Raquel Peña, quien recientemente anunció su interés en aspirar a la Presidencia, dejando claro que está dispuesta a asumir nuevos retos y continuar sirviendo al país desde una posición aún más alta.
Si el panorama político no estuviera diseñado para las mujeres, ¿cómo se explica que dos figuras femeninas de este calibre estén en la palestra, siendo mencionadas y consideradas dentro del juego sucesorio del PRM? Esto solo confirma que, lejos de estar excluidas, las mujeres serán una ficha clave en el proceso electoral del 2028.
En el caso de Raquel Peña, su posible candidatura no surge de la improvisación, sino de una gestión pública que ha sido clave en varios gabinetes estratégicos del gobierno de Luis Abinader. Desde su rol en el Gabinete de Salud, se convirtió en una figura fundamental durante la pandemia, liderando la logística de vacunación y la implementación de medidas sanitarias que permitieron la rápida recuperación del país. Su desempeño en este ámbito le valió reconocimiento tanto a nivel nacional como internacional.
Además, como coordinadora del Gabinete de Inversión y Desarrollo, ha jugado un papel crucial en la estabilidad económica, promoviendo políticas que han incentivado la confianza de inversionistas y el crecimiento de sectores estratégicos. Su enfoque técnico y su capacidad de gestión han permitido consolidar proyectos de infraestructura, educación y modernización del Estado, reforzando su imagen como una líder con visión de futuro.
A diferencia de otros actores políticos con una trayectoria partidaria más tradicional, Raquel Peña ha construido su liderazgo a partir de resultados concretos en la gestión pública. Su perfil de mujer íntegra, de bajo perfil político pero con una alta capacidad de ejecución, la ha posicionado como una figura de confianza tanto dentro del PRM como en el sector empresarial y social.
Esta credibilidad podría jugar a su favor en una contienda electoral, especialmente en un escenario donde la ciudadanía demanda más capacidad gerencial que discursos populistas. Su candidatura podría representar la continuidad de las políticas del actual gobierno con un enfoque de eficiencia y estabilidad.
Mientras Carolina Mejía representa una figura política fuerte dentro del PRM, con conexión con las bases del partido.
Lo cierto es que el 2028 se perfila como una oportunidad histórica para que una mujer lidere el país. La sociedad dominicana ha evolucionado y cada vez más ciudadanos confían en la capacidad de las mujeres para dirigir la nación. La presencia de Carolina Mejía y Raquel Peña en la contienda interna del PRM envía un mensaje claro: el techo de cristal está a punto de romperse.
Aún es temprano para predecir quién encabezará la boleta presidencial del PRM en 2028, pero una cosa es segura: las mujeres están en la jugada y podrían ser las grandes protagonistas. ¿Será el 2028 el año en que una mujer llegue a la Presidencia de la República? Todo parece indicar que sí. El 2028 tiene cara de mujer.



