Opinión

Los 10 jinetes del Apocalipsis, enemigos de la Reforma Policial

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Juan Manuel Morel Pérez

Abogado, Magister en Seguridad y Defensa Nacional, Especialista en Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario, doctorando en Derecho Administrativo Iberoamericano, Coordinador del Observatorio de Seguridad y Defensa-RD
j.morelperez@gmail.com
Twitter @juanmanuelsoyyo

La Policía Nacional se encuentra en el marco de una reforma, que tiene como base el modelo educativo con el objetivo aparente de mejorar la calidad y la integridad de sus oficiales. Sin embargo, detrás del mejorado modelo que se vende por la cantidad de egresados de los programas, se oculta una realidad profundamente preocupante y perjudicial.

En la Escuela de Altos Estudios Policiales, lejos de fomentar la honestidad, el compromiso y la competencia profesional, se ha instaurado un ambiente propicio para el fraude académico y el tráfico de influencias.

Los oficiales superiores, a quienes allí se les debería inculcar un modelo de integridad y profesionalismo, frecuentemente son estimulados a prácticas de deshonestidad académica. Esta situación, lejos de ser aislada, está respaldada por una red de complicidad que involucra a altos cargos académicos del Instituto Policial de Educación Superior (IPES).

Los responsables de esta «mafia académica» han creado un sistema donde el favoritismo, el fraude académico, las botellas y la falta de ética se premian, mientras que aquellos que se niegan a participar en estas prácticas corruptas son perseguidos. La meritocracia y la justicia han sido reemplazadas por un entorno donde la deshonestidad es la norma.

La consecuencia de esta red de engaños es la graduación de policías que, aunque técnicamente han completado su formación, carecen de la ética y las competencias necesarias para ejercer sus funciones con integridad. Estos graduados, que se presentan al público como el resultado de una reforma educativa exitosa, son en realidad el producto de un sistema en el que la mafia académica del IPES prioriza la cantidad sobre la calidad y engaña a la sociedad que confía en la policía para su seguridad.

Este engaño no solo compromete la efectividad y la confianza en nuestras fuerzas policiales, sino que perpetúa un ciclo de desconfianza y deshonestidad en las instituciones. La formación de un policía debería ser un proceso riguroso, basado en la honestidad y el mérito, no en el engaño y el fraude.

Enfrentando a esta mafia académica y haciendo referencia a los «5 jinetes del apocalipsis al cuadrado», podemos identificar a estos diez actores como los responsables de propagar la destrucción de la integridad policial. Resulta sorprendente que de los 5 jinetes que hace referencia el apocalipsis, dentro e la resistencia a la reforma policial emergen 10, duplicando la magnitud de la amenaza y profundizando la crisis institucional.

En este caso, los «5 jinetes» personificados son:
1. El Rector del IPES: Encabezando y permitiendo el sistema de erosión a la reforma educativa
2. La Vicerrectora Académica del IPES: Complicidad en las decisiones que afectan la integridad educativa.
3. El Director de la Escuela de Altos Estudios Policiales: Facilitador de las prácticas deshonestas.
4. La subdirectora de la Escuela de Altos Estudios Policiales: Refuerza el sistema de favoritismo.
5. La Coordinadora Académica de la Escuela de Altos Estudios Policiales: Instrumental en perpetuar el fraude académico.
Y los otros cinco jinetes, simbolizando las prácticas, son:
1. Fraude Académico: Promueve la deshonestidad y la falsificación de logros académicos.
2. Tráfico de Influencias: Estimula la complacencia y el favoritismo dentro del sistema educativo.
3. Deshonestidad Académica: Establece un entorno donde las irregularidades, en especial el plagio, «copy and paste» y la falta de evaluación justa se normalizan y perpetúan.
4. Deshonestidad Institucional: Erosiona la base ética y profesional que debería sustentar a las instituciones.
5. Complicidad Sistémica: Este jinete representa la red de complicidad que permite y refuerza las prácticas corruptas a través de las diferentes jerarquías del sistema educativo policial.

Es crucial que las autoridades competentes investiguen estas graves denuncias y tomen medidas decisivas para erradicar estas prácticas que tanto daño le hacen a la reforma. La integridad y la eficacia de nuestras fuerzas policiales dependen de una formación que se base en principios sólidos y éticos. La sociedad merece una policía en la que pueda confiar, formada por individuos cuya honestidad y competencia sean incuestionables.

La única manera de avanzar hacia una reforma educativa policial genuina y efectiva es desmontando estas redes y asegurando que aquellos que promueven la deshonestidad y el favoritismo sean castigados por sus acciones y no beneficiados, promovidos o ascendidos. La lucha por una policía íntegra y competente comienza con la transparencia y el compromiso con la verdad, y no permitiendo un conciliábulo mafioso-educativo.