Opinión

Esmeralda Richiez víctima del silencio

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Por Maricela Suero De la Rosa


La muerte de la adolescente Esmeralda Richiez vuelve a revivir el dolor de una sociedad que todavía tiene fresca la herida del horrible asesinato de Emily Peguero, casos diferentes, pero historias parecidas.
El silencio la mato, cuando las autoridades de la escuela se hicieron de la vista gorda ante el comportamiento del profesor con la estudiante.

El silencio la mato, cuando sus padres la dejaron salir de noche con un hombre mucho mayor que ella.

El silencio la mato, cuando John Kelly Martínez la dejo desangrar y no la llevo a un hospital.

El silencio la mato, cuando las amigas sabían lo que estaba pasando y no la ayudaron.

El silencio la mato cuando llego a su casa y su madre noto que su hija estaba pálida y no la llevo a un centro médico.

El silencio la mato, cuando pidió ayuda por teléfono a su prima y esta no hizo nada para alertar a la familia.

Esmeralda Richiez, una joven estudiante del el Instituto Politécnico de Higüey, que apenas empezaba a vivir, se convirtió en la víctima de su profesor de matemáticas John Kelly Martínez, de 35, quien acabo con sus sueños, dejando a la familia de la joven devastada y un país entero pidiendo justicia.

Vivimos en una sociedad donde los delincuentes son pan de azúcar comparados con los policías, donde un profesor quien está llamado a educar, guiar y proteger a los jóvenes es quien acaba con su futuro, donde los padres están más pendientes a un teléfono que de sus hijos.

El lamentable caso sucedido el pasado 12 de febrero en la provincia La Altagracia debe de servir de reflexión para los padres y la sociedad en general, a pesar de que este es un caso complejo y que todavía está en investigación, esta muerte ha dejado mas preguntas que respuesta, por la forma en la que sucedieron los hechos.

Vivimos en una sociedad que se hace la ciega, sorda y muda cuando le conviene, ¿qué paso con los padres? ya que al llegar a su hogar la joven presentaba un desgaste físico por la cantidad de sangre que había perdido, si en ese preciso momento, de ellos notar que su hija no estaba nada bien le hubiesen trasladado un centro medico la historia seria otra. Nunca sospecharon de la relación del docente con su hija, como es posible que la dejaran salir a la adolescente de noche con un hombre, solo porque es su profesor; de noche no se da clase y menos en una playa.

La realidad es que los padres no pueden tener control absoluto de todo lo que hacen o dejar de hacer los hijos, pero tratar de conocer su entorno y con quienes se relacionan no es una tarea imposible. No hubo la suficiente confianza, que la niña prefiriera morir de dolor y no decirle a su madre por lo que estaba pasando. Como poder ser posible que muriera en su casa y nadie se dio cuenta de la situación tan grabe, a tal punto de pedirle ayuda por teléfono a una amiga y esta dejarla morir.

Casos como este hay miles en nuestro país, donde quienes están para guiar, y educar a nuestros jóvenes son quienes acaban con el futuro de nuestra sociedad, como puede ser posible que en la escuela donde estudiaba la joven las autoridades educativas no se percataron del comportamiento del profesor con la estudiante.

Estamos viviendo en una sociedad que promociona los anti-valores, cada día debemos de aportar un granito de arena para cultivar los buenos valores que nos caracterizan como dominicanos y así evitar que en el futuro más rosas como Esmeralda Richiez sean marchitadas en el amplio jardín de la ignorancia.