David Collado tiene un reto importante al frente del turismo dominicano, durante meses el país ha estado bajo la mirilla de todo el planeta, diversas campañas sucias que pintan el país de una forma nada halagüeña y que si fuese verdad fuese un palo, pero la gran verdad, es que aún con nuestros bemoles lo que se pinta está muy lejos de la realidad.
El último capítulo de la novela es una portada de Vogue donde aparece una playa dominicana llena de basura, si fuese una edición que hable sobre problemas medio ambientales se pudiese entender, pero nada que ver, lo cierto es que el resto de fotos de los países allí olasmados no muestran nada de esto, a pesar de que en algunos de los países en cuestión los problemas de contaminación son mucho más graves que en el nuestro y que la fotógrafa responsable de la foto envío otras donde se ven nuestras bellezas al máximo, sin embargo «casualmente» escogen nuestro peor rostro.
Hace falta un equipo de relaciones públicas internacional, lobistas cuyo único trabajo sea vendernos, pero también hace falta un poco de responsabilidad por parte de los ciudadanos, hay momentos y momentos, y este no es el adecuado para hacer protestas que pongan en peligro las ya menguadas entradas del país, entendamos que un post privado se puede convertir en una noticia y que cada uno de nosotros es una valla de nuestro país.
El peor enemigo de República Dominicana somos nosotros mismos que como Guacanagarix vivimos denostando lo nuestro aún cuando en los número fríos, la realidad es muy distinta a lo que decimos.
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