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Durante años hemos hablado de cómo combatir la informalidad, ampliar la base tributaria y crear reglas iguales para todos. Sin embargo, uno de los sectores que más ha crecido en la economía dominicana lo hizo prácticamente sin una regulación específica: las rentas cortas.

Hoy el Ministerio de Turismo quiere cambiar eso con la creación del Registro Nacional de Hospedaje Turístico, conocido como RENATUR.

Y aquí quiero decir algo desde el principio.

Creo que el Gobierno tiene razón en querer regular.

Pero también creo que una buena regulación puede fortalecer un sector… mientras que una mala regulación puede destruirlo.

Ahí está el verdadero debate.

Un fenómeno que cambió el turismo

Hace apenas diez años el turista que venía a República Dominicana casi siempre terminaba en un hotel.

Hoy el panorama es completamente distinto.

Miles de personas prefieren alquilar apartamentos, villas o habitaciones mediante plataformas como Airbnb o Booking.

Y eso produjo algo extraordinario.

Democratizó el turismo.

Ya no solamente ganan dinero las grandes cadenas hoteleras.

También gana la señora que heredó un apartamento.

El joven que compró un estudio para alquilarlo.

La familia que tiene una villa.

El dominicano residente en el exterior que invirtió sus ahorros aquí.

Según datos del propio Ministerio de Turismo, República Dominicana cuenta con unas 56 mil propiedades destinadas al alojamiento no hotelero y alrededor de 136 mil habitaciones pertenecen ya a este segmento, una cifra incluso superior a la capacidad hotelera tradicional.

Eso significa que ya no estamos hablando de una actividad marginal.

Estamos hablando de una parte fundamental de nuestra industria turística.

¿Qué propone el Gobierno?

Lo primero que hay que decir es que todavía no estamos frente a una regulación definitiva.

Estamos hablando de un proyecto que fue sometido a consulta pública.

La propuesta crea el RENATUR, un registro obligatorio para todas las propiedades destinadas al alquiler turístico de corta estadía.

Sin ese registro, las plataformas digitales tendrían que retirar los anuncios después del período de adecuación previsto por la norma.

Además se exigirían documentos como:

identificación del propietario;

información tributaria;

datos del inmueble;

póliza de responsabilidad civil;

requisitos mínimos de seguridad e higiene.

Hasta ahí, sinceramente, no veo ningún problema.

De hecho, me parecen medidas razonables.

Porque si alguien recibe turistas, genera ingresos y compite en el mercado turístico, el Estado debe saber quién es.

Debe poder supervisar condiciones mínimas de seguridad.

Y también debe cobrar los impuestos correspondientes.

No puede haber ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda frente a las obligaciones fiscales.

La competencia desleal

Pensemos en un hotel.

Debe cumplir normas sanitarias.

Normas contra incendios.

Inspecciones.

Registro.

Pago de impuestos.

Permisos.

Entonces aparece un apartamento que presta prácticamente el mismo servicio sin asumir muchas de esas obligaciones.

Es lógico que el sector hotelero reclame igualdad.

Y desde ese punto de vista, formalizar el mercado tiene sentido.

Porque además mejora la reputación del destino.

Un incidente grave ocurrido en un apartamento turístico termina afectando la imagen internacional de República Dominicana exactamente igual que si ocurre en un hotel.

¿Dónde empieza la controversia?

El problema no está en registrar.

El problema está en algunos requisitos que muchos propietarios consideran excesivos.

Por ejemplo.

El proyecto contempla una póliza de responsabilidad civil obligatoria.

Exige documentación detallada del inmueble.

Solicita el identificador de cada anuncio publicado en plataformas digitales.

Y uno de los puntos más discutidos establece que si el reglamento interno de un condominio prohíbe las rentas cortas, el Ministerio de Turismo no podrá registrar esa propiedad.

Aquí aparece un conflicto interesante.

¿Hasta dónde llega el derecho de propiedad?

¿Puede una asamblea de condóminos impedir que un propietario utilice su apartamento para generar ingresos?

Es un debate jurídico que seguramente terminará ocupando mucho espacio en los próximos meses.

Otro punto que también ha generado preocupación es la posibilidad de inspecciones y el temor de que el proceso termine convirtiéndose en una burocracia difícil de cumplir para pequeños propietarios.

Hay algo que no debemos perder de vista

No todos los propietarios son iguales.

No es lo mismo una persona que alquila una habitación de su casa tres fines de semana al mes…

Que una empresa que administra cien apartamentos.

No pueden tener exactamente las mismas cargas regulatorias.

La regulación moderna funciona bajo un principio muy sencillo.

El riesgo determina la intensidad de la regulación.

Quien maneja un gran volumen de operaciones debe cumplir mayores exigencias.

Pero quien tiene una sola propiedad debería enfrentar un proceso mucho más simple.

Ese es el equilibrio que debemos buscar.

Lo que pasa en otros países

Y República Dominicana no está inventando nada.

Nueva York.

Barcelona.

Ámsterdam.

Lisboa.

París.

Todas han regulado las rentas cortas.

Pero por razones distintas.

Algunas buscaban combatir la falta de viviendas para residentes.

Otras controlar la masificación turística.

Nosotros tenemos una realidad diferente.

Nuestro objetivo debe ser proteger uno de los sectores que más aporta divisas al país.

No copiar modelos europeos sin adaptarlos a nuestra realidad.

Mi reflexión

Creo que este debate está mal planteado cuando se presenta como una pelea entre hoteles y Airbnb.

No lo es.

La verdadera discusión es otra.

¿Cómo regulamos sin destruir?

¿Cómo formalizamos sin asfixiar?

¿Cómo protegemos al turista sin convertir cada apartamento en un hotel?

Porque una mala regulación puede sacar miles de propiedades del mercado.

Reducir la oferta.

Aumentar los precios.

Perder competitividad frente a otros destinos.

Pero una ausencia total de regulación también genera problemas.

Competencia desleal.

Informalidad.

Evasión fiscal.

Falta de garantías para el consumidor.

Por eso el camino no es elegir entre libertad absoluta o control absoluto.

El camino está en el equilibrio.

Cierre

Las rentas cortas llegaron para quedarse.

No son una moda.

Son una transformación estructural del turismo mundial.

Y República Dominicana necesita reglas claras.

Pero también necesita inteligencia regulatoria.

Porque registrar no es perseguir.

Formalizar no es castigar.

Y recaudar no puede convertirse en un obstáculo para emprender.

El éxito de esta reforma no se medirá por la cantidad de formularios que obligue a llenar.

Se medirá por algo mucho más importante:

Que logre proteger al turista, garantizar una competencia justa, aumentar la formalidad y, al mismo tiempo, permitir que miles de familias dominicanas sigan encontrando en el turismo una oportunidad legítima de progreso.