Opinión

  5 de julio. Segunda parte

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Por Enrique Muñoz González.


Tras su llegada, la comisión se entrevistó con las autoridades de turno incluyendo al hijo del dictador, Ramfis Trujillo quien era jefe del Estado Mayor Conjunto del régimen.

Si bien es cierto que la llegada de esta comisión, apenas 35 días después del ajusticiamiento de Trujillo constituyó un acto de suprema valentía que algunos denominaron inmolación, también es cierto que esta acción fue sin duda alguna el resurgir de la esperanza del regreso de la libertad en un pueblo que soñaba con democracia pero que solo conocía la opresión, el terror y la muerte.

Al momento de su regreso, Miolán ya llevaba 26 años en el exilio, Nicolas Silva 25 y Ramon A. Castillo 11. “Con una emoción que no podía describirse con palabras, después de tantos años de ausencia” según palabras expresadas en su declaración. Lograron, pues, sembrar por primera vez en tierra quisqueyana, la bandera emancipadora, la bandera de la esperanza, la bandera blanca del Partido Revolucionario Dominicano porta estandarte de la libertad y padre de la democracia en la República Dominicana.

Sobre los cimientos de la llegada del PRD al país, se ha construido sin duda alguna los principios libertarios con tal arraigo, que será muy difícil separarlos de nuestra cultura democrática. A pesar de que entre 1966 y 1978 la democracia se ejerció de manera formal, mas no real, por los ya comprobados hechos de intimidación, violencia y sangre con que se condujo el poder, hoy en día goza de una fortaleza incuestionable.

Hoy más que nunca hay que recordar la condición imprescindible de que los perredeístas mantengan y fortalezcan el apego a los compromisos sociales y reivindicativos que dieron origen a la organización.

Las próximas elecciones del 5 de julio constituyen un hito en la consolidación del ejercicio democrático en nuestro país, pero no por eso debe minimizarse la importancia de esta fecha histórica, tampoco ignorarla y mucho menos que las motivaciones sean políticas. El calor de la actual campaña electoral, no debe llevarse de encuentro el reconocimiento del extraordinario papel de estos valientes, ni interferir con esta conmemoración insigne, porque la existencia de los principales partidos políticos del país es consecuencia directa de este acto visionario y de arrojo. Los logros de la comisión del 5 julio dejaron de ser el patrimonio de un partido político para convertirse en el patrimonio de la democracia dominicana.

Si hay un 5 de julio del 2020, en gran parte se debe a que hubo un 5 de julio de 1961.