Por Abril Peña
Miguel Vargas es tal vez el político más demonizado de los últimos años, su natural forma que evita la confrontación y que prefiere hablar con sus logros, y en un país donde la gente prefiere sebarse en los yerros y disfruta las caídas, y estos logros no han brillado en la magnitud que deberían y no se había visto su desempeño como funcionario, que al final es lo que debería de importar.
A menudo se habla de que los políticos dominicanos son malos administradores, Miguel que ha creado una fortuna personal trabajando, sabe muy bien bien que lo que es administrar, ha estado en 3 instituciones públicas, 4 años en la Caasd, 4 en Obras Públicas que le ganaron el título de Súper Ministro y 2 y contando como Canciller de la República llamado también por algunos Canciller de las Américas.
En todos ha tenido un desempeño de primera línea y ha demostrado un gran manejo de la cosa pública, sin embargo algo parece haber cambiado las cartas de la fortuba parecen haber cambiado para Miguel Vargas su extraordinaria labor frente a Cancillería han logrado lo impensable empezar a mejorar sus números, ahora toca el reto más grande trasladar esa insipiente popularidad y subir los números del Partido que preside.
Para muchos imposible, yo sin embargo creo que sí, todo se reduce a como el mismo dice: «empezar a recibir a la gente con los brazos abiertos», escuchar lo que quieren, trabajo en equipo, acercarse a la gente, nada nuevo pero son las bases sobre las que se construyó el PRD.
Trabajar unidos es la clave, a veces no se necesitan sofisticadas fórmulas nuevas, a veces solo a veces solo hay que volver a nuestros origenes.



