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Veo muy bien que Abel Martínez vuelva a aspirar a la presidencia…

Por Jorge Lendeborg


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…Pero hay que estar loco para seguirlo en esta aventura. El ex candidato presidencial del PLD, Abel Martínez, quien logró la hazaña de llevar a su partido de un 37% de apoyo a un simbólico 10.5% en las elecciones pasadas, tiene todo el derecho de volver a intentarlo. Está en su derecho de creerse que hizo un buen desempeño, de entender que su candidatura pasada fue un éxito, e incluso de pensar que su egocentrismo, arrogancia, mediocridad y pereza laboral son virtudes. Lo que no logro entender es cómo podría existir un solo peledeísta que lo respalde en este nuevo intento, después del desastre que fue su liderazgo.

En un artículo anterior mencioné que Abel Martínez jamás tuvo la intención de competir realmente en el 2024. Hizo el menor esfuerzo posible para luchar por su partido, lo que llevó al PLD al piso histórico de 1982. Su campaña careció de dirección, de ideas y de compromiso. Y, como señalé entonces, «nadie calcula para joderse».

Abel parecía convencido de que al llegar al 2025 estaría solo en el camino hacia el 2028, creyendo que tendría el terreno despejado para capitalizar su liderazgo. Pero qué equivocado estaba.

La verdad es que Abel Martínez no solo no tiene ninguna posibilidad de competir con éxito en las próximas primarias del PLD, sino que su credibilidad como líder está tan dañada que sería superado por casi cualquier dirigente relevante del partido. Desde figuras como Francisco Javier García, Juan Ariel Jiménez, Francisco Domínguez Brito, Margarita Cedeño, y Karen Ricardo, hasta nombres menores como Luis de León, todos están mejor posicionados que él.

Lo que entiendo es que la conducta de esta persona es un verdadero caso de estudio. Uno pensaría que el primer paso, antes de siquiera plantearse una nueva candidatura, sería hacer un mea culpa público por su comportamiento durante las pasadas elecciones y por el trato hacia sus compañeros de partido. ¿No sería más lógico invertir los próximos cuatro años en disculparse, uno por uno, con aquellos a quienes ignoró, maltrató o incluso intentó humillar, y dejar pasar un proceso que permita olvidar el fatídico 10%? Invertir ese tiempo en reconstruir relaciones, reconocer sus errores y trabajar genuinamente para ganar la confianza perdida sería el único camino sensato antes de lanzarse nuevamente a una competencia.

Además, Abel necesitaría una profunda evaluación de su estilo de liderazgo, ese mismo que lo llevó a ser visto como un dirigente egocéntrico e incapaz de construir consensos. Una introspección real, que le permita cambiar de forma y demostrar que ha aprendido de sus errores. Pero lo que vemos es todo lo contrario: un candidato que se lanza al ruedo de la competencia del 2028 como si nada hubiese pasado, sin reflexión, sin disculpas y sin el más mínimo reconocimiento de sus fallos.

Abel debe asumir que su arrogancia y falta de autocrítica lo han llevado a convertirse en un «aborto de candidato,» incapaz de reconectar con las bases del partido y mucho menos con el pueblo dominicano. Su comportamiento en el pasado proceso fue tan desastroso que ni siquiera los más leales al PLD encuentran argumentos para justificar seguirlo.

Sin embargo, no critico que aspire de nuevo. Eso es su derecho. Lo que critico es la capacidad de juicio de aquellos que, después de verlo hundir al partido, estarían dispuestos a acompañarlo en esta nueva aventura política. Si el PLD quiere volver a ser relevante, necesita nuevos líderes, nuevas ideas, y, sobre todo, personas que entiendan la responsabilidad de liderar un partido que alguna vez fue la esperanza de muchos dominicanos.

Abel Martínez, con su historial reciente, no representa nada de eso. Que aspire, si quiere, pero que no espere arrastrar a un PLD que necesita, urgentemente, un liderazgo serio y renovado.