Por Arlene Peña
El Dr. José Francisco Peña Gómez, mi padre – ido a destiempo- representó una especie de arquetipo cósmico de dimensiones inconmensurables. Encarnó en una sola valija humana la historia no contada de toda la humanidad.
La bilateralidad de sus orígenes -materia controversial – y punto de grandes discusiones e interpretaciones , su dificultoso desarrollo y travesía desde la cuna hasta la tumba, las características conocidas de una niñez incierta, imprecisa que sobrevive gracias a la compasión y la generosidad de gente sin prejuicios e inclinada a la caridad, el respeto a la vida y con apego a un sentido natural y empírico de los derechos de la humanidad encarnados en ese » «niño desprotegido», abandonado, nos hablan de una interfaz cósmica poco comprensible para el hombre común o de un coeficiente intelectual en desarrollo pero aún no maduro.
Él es el mejor ejemplo del humano que nunca se rinde ante las adversidades, ese que no es doblegado ante el descarnado embate de las tormentas.
José Francisco Peña Gómez, mi inolvidable progenitor, fue el mejor ejemplo de la humanidad combatida por grandes procesos de interferencias manufacturadas para evitar la evolución de un proyecto universal condenado al triunfo pese a todas las tribulaciones y vicisitudes y obstáculos diversos por un medio limitante y un entorno impuesto.
Erase él un temperamento combativo, recio, y al mismo tiempo reflexivo y consecuente, muchas veces infantil.
Salió un día de La Loma del Flaco, en Valverde, Mao, con una maleta de metal a conquistar sus sueños, mismos que aún yacían en la arcilla cruda de los elementos alquímicos de su alma. Únicamente lo acompañaban como testigos mudos y silentes su más calidad esperanzas y su deseo férreo de superar las condiciones limitantes de su medio ambiente en esa época.
Con el ejercicio de esa transición de su existir, se dilató el gas de las transformaciones sigilosas de la naturaleza misma y de hombre se convirtió en ejército de acción personal en pos de su propia evolución.
En el transcurso de ese viaje singular, se plantearía – quizás – las mismas preguntas existenciales del ser humano en general: ¿Quién soy ?; de dónde vengo ?; y hacia dónde voy?… ¡Destino impreciso !, incierto y colmado de grandes retos e interrogantes !; empero el interior del hombre, un software cerrado y sellado por siete sagradas llaves no se rinde, no se detiene ante los dos surcos paralelos de un camino que lo desafía, sino que lo recorre.
Ha de aventurarse por esos senderos porque una fuerza interior (oculta), le impele a seguir siempre adelante, como la línea recta que sabe que comienza, pero que jamás termina.
Y así inicio su trabajo y esculpió su vida el Dr. José Francisco Peña Gómez, hizo cual el hombre fuerte de las sagradas escrituras, él fue el amo y señor de sus propias conquistas y el empírico autor del libro de su vida.
Con tinta de melanina y sobre papiros de cuero humano delimitó su campamento ante el Templo de la existencia; amurallo sus Atalayas con el poder del conocimiento – en principio autodidacta – y trazó las estrategias de su crecimiento en base al mejor de todos los ingredientes conocidos, la sabiduría.
Su base fundamental la constituyó el acero inquebrantable de su persistencia y la fortaleció con el último elemento depositado en el fondo mismo de la conocida » caja de Pandora», la ¡ESPERANZA! – del cual ningún humano debe retraerse.
Él, como fiel combatiente se catapultó a si mismo al mar de su nación, la República Dominicana, y prosiguió hacia el océano de las estructuras sociales del mundo, logrando no solo verse y valerse de un llamado interno que lo sustentaba sino de un motor cósmico que lo impulsaba.
Así se constituyó en el actor principal en sus diversos escenarios, combatiente activo en lucha constante por las libertades y los derechos naturales de sus semejantes y el defensor incuestionable de las soberanías humanas.
El contenía las más puras aspiraciones para su país, pero las internacionalizó porque observó injusticias, las extrapoló porque percibió crueldades, las desafió porque sintió y vio iniquidades y asimiló todo aquel compendio de inhumanidades y las combatió con el genuino contenido de su esencia misma.
Él fue el autor de soluciones y planteamientos que han superado siglos de enfrentamientos y eones de oposición e interferencias.
Pero vino al mundo como el Avatar de prueba, el prototipo de lo que fue y volverá a ser, y como arquetipo que, superando todas las manipulaciones, o la artera traición y la desidia puedan intentar enfrentar.
Por eso luchó y combatió toda su vida.
Él desarrolló un legado histórico cuyos matices no caducarán jamás pues representan el auténtico y único destino del hombre y el supremo plan del Universo mismo.
Las siglas no representan la personalidad de un líder, sino la base y el sustento mismo de los ideales que predicó en vida, por eso hoy su simiente se encuentra en el gran PRM, donde parte de nosotros, tus hijos y familiares, acompañan la digna gestión de Luis Abinader Corona, cuya fortaleza y entereza busca dar consecución a estos planteamientos de bien y solidaridad con el necesitado, con el desprovisto de techo.
El gobierno que ha impulsado el desarrollo del Sur profundo, – sueño de mi padre, el Dr. Peña Gómez. Gobierno que permaneció de pie dándonos apoyo durante la crisis sanitaria más fuerte que haya enfrentado nuestro país. Ha apoyado al 100% la educación, las ayudas sociales y las asistencias de todo tipo a nuestra población.
Tu legado y aspiraciones se encuentran junto a él y al gran PRM, esperando que en la consecución de este joven gobierno resida las esperanzas y logros de las futuras generaciones, aspirando por tal a volver a llevarte nuestro contundente triunfo de las urnas a tu tumba, para darte el testimonio vivo del compromiso de seguir tus pasos y triunfar en nuestro país con la esencia viva de tu ejemplo de primero la gente.



