Opinión

¿Se perderá la soberanía de los pueblos con las tecnologías 2.0?

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Lic. Luis Ma. Ruiz Pou

 La soberanía de los pueblos es el principio según el cual la autoridad política reside en la ciudadanía y no en élites externas, potencias extranjeras ni grupos minoritarios que actúan al margen de la voluntad colectiva. Cada nación tiene derecho a decidir su sistema político, económico y social sin imposiciones. Pero en el siglo XXI, ese principio enfrenta un desafío silencioso: la transformación del poder global a través de tecnologías 2.0.

 El expansionismo no es nuevo. Desde la Antigüedad hasta el imperialismo del siglo XIX, las potencias buscaron territorios, recursos y control. En el siglo XX, la URSS extendió su influencia mediante anexiones y gobiernos subordinados en Europa del Este. Ucrania, que había proclamado su independencia en 1917, fue convertida en república soviética en 1919 y solo recuperó su soberanía en 1991. La historia demuestra que la ambición de dominio adopta distintas formas según la época.

 Hoy, el expansionismo ya no necesita ejércitos masivos. La guerra electrónica, la manipulación informativa, la dependencia tecnológica y la presión monetaria se han convertido en herramientas de influencia. Las potencias —clásicas o emergentes— buscan asegurar su control más allá de sus fronteras por razones estratégicas, económicas y financieras. La forma cambia, pero el impulso permanece.

 En este nuevo tablero, la vieja consigna de la Doctrina Monroe —“América para los americanos”— adquiere un matiz monetario. Si en el siglo XX justificó intervenciones políticas y militares, en el XXI podría operar como un mecanismo de integración financiera forzada. La hegemonía del dólar, consolidada desde Bretton Woods, convierte a las economías latinoamericanas en dependientes de una moneda que no emiten y cuyas decisiones no controlan. 

 Bajo la lógica de que “somos americanos”, podría insinuarse que nuestros pesos, quetzales, soles o guaraníes, deben alinearse con la divisa de la potencia hemisférica. Pero adoptar el dólar como moneda nacional no sería un gesto de integración, sino una renuncia parcial a la soberanía económica: significaría trasladar a otro país la capacidad de decidir sobre nuestra inflación, nuestro crédito y nuestro ahorro. En un mundo donde la influencia se ejerce mediante sistemas financieros y plataformas digitales, la dolarización 2.0 podría convertirse en la forma más silenciosa —y más eficaz— de expansión.

 La región ya vivió una versión previa de esta dependencia. Tras Bretton Woods, los organismos financieros internacionales impulsaron políticas que obligaron a los países latinoamericanos a mantener sus reservas principalmente en dólares. Esa arquitectura monetaria limitó su autonomía y los dejó vulnerables a decisiones externas. Hoy, la dependencia tecnológica —infraestructuras digitales, plataformas de pago, sistemas de comunicación— profundiza esa fragilidad.

 La pregunta es inevitable:¿Puede un pueblo considerarse soberano si su moneda, sus datos y su infraestructura digital dependen de actores externos? La soberanía del siglo XXI no se defiende solo con fronteras. Se defiende con autonomía tecnológica, diversificación monetaria, instituciones fuertes y ciudadanía informada. Si los pueblos no actualizan su concepto de soberanía, otros actualizarán por ellos las formas de dominación.

 Trump dijo que por muchos tiempos administrará los recursos venezolanos. ¿La dolarización de latinoamerica 2.0, comenzará con  Venezuela y será anexada como un estado más de EUA?