Por Kimberly Taveras
En 2012 durante el primer gobierno del presidente Danilo Medina (PLD), se inició la construcción de Punta Catalina, una planta termoeléctrica a carbón que culminó en 2020. Fueron 8 años de retrasos y sobrecostos, para entregar apenas 720 megavatios de generación. Una obra que, más que resolver problemas eléctricos, consolidó una dependencia obsoleta y contaminante.
Mientras tanto, este gobierno, que ha tenido que gobernar en medio de crisis globales y atender con urgencia la pandemia del COVID-19, ha logrado en 5 años y en realidad en apenas 3 de gestión efectiva integrar 1,200 megavatios al sistema eléctrico, de los cuales 800 provienen de fuentes renovables. La comparación es clara: la diferencia entre la ineficiencia del pasado y la planificación del presente.
Antes de que se intente descalificar esta posición, debo insistir: mi oposición a Punta Catalina nunca fue política oportunista, sino científica y técnica. Como ingeniera química, máster en energías renovables y defensora de la sostenibilidad, advertí desde el inicio que el carbón era una camisa de fuerza para el país. Hoy los hechos lo confirman.
1-) Ignorar La Hoja de Ruta Energética una oportunidad perdida.
En 2015, el Worldwatch Institute, con financiamiento del Ministerio Federal de Medio Ambiente de Alemania a través de la Iniciativa Internacional de Clima (IKI), presentó la Hoja de Ruta para un Sistema de Energía Sostenible en la República Dominicana. El estudio realizado con apoyo del Ministerio de Energía y Minas y la Comisión Nacional de Energía (CNE), contó con un financiamiento regional de 1,35 millones de euros compartido con Jamaica.
El informe fue contundente: El país podía alcanzar 85 % de electricidad renovable para 2030, reducir los costos de generación en un 40 %, crear más de 12,500 empleos verdes, ahorrar 25,000 millones de dólares en importaciones de combustibles fósiles Y sobre todo, alertó que construir nuevas plantas a carbón sería redundante y contraproducente, pues impediría integrar renovables de manera eficiente.
2-) ¿Por qué Punta Catalina rigidiza el sistema eléctrico?
Las plantas a carbón, como Punta Catalina, operan bajo un esquema de carga base: producen electricidad constante durante todo el día, sin poder apagarse ni encenderse con rapidez. Esa rigidez desplaza la energía solar y eólica cuando están disponibles, obliga a desperdiciar electricidad más barata y limpia, retarda la modernización de la red y la entrada de nuevas inversiones.
En lugar de ser una solución, Punta Catalina se convirtió en un freno al futuro.
3-) Ignorar el Cambio climático, calor extremo y demanda eléctrica creciente.
La República Dominicana es uno de los 10 países más vulnerables al cambio climático. Los veranos son cada vez más extremos y el consumo eléctrico aumenta proporcionalmente.
Según el ministro Joel Santos, en pleno verano de 2025 el SENI alcanzó un récord de 3,896 MW a las 10:00 p.m., superando el máximo de 2024 (3,866 MW). En otras jornadas la demanda nocturna ha pasado los 3,900 MW, debido a una sensación térmica de 32 °C o más.
Además, se han roto múltiples récords de temperatura máxima extrema según el Indomet, lo que confirma una tendencia clara: a mayor calor, más consumo eléctrico. Y cuando los hogares tienen mayor poder adquisitivo, compran más equipos de refrigeración, lo que incrementa aún más la demanda.
Ignorar este fenómeno fue un error doble: subestimó los efectos del cambio climático y se apostó por una tecnología incompatible con la flexibilidad que hoy exige la red.
4-) Falta de Leyes y políticas para corregir el rumbo.
Mientras el PLD legisló muy poco para hacerle frente a esta evidente situación, o aplicó muy poco las leyes que ya existían, el actual gobierno del PRM avanza con un marco legal sólido:
• Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático (PNACC 2015-2030), que establece objetivos claros de resiliencia en sectores clave.
• Proyecto de Ley de Eficiencia Energética, que promueve cultura de ahorro en hogares, industrias y edificios públicos.
• Ley 57-07 de Energías Renovables, actualizada con el Decreto 65-23, que incluye incentivos al almacenamiento con baterías (BESS) para estabilizar la red.
En paralelo, la CNE ha aprobado normativas para integrar baterías a gran escala, clave para la transición. Como diputada, trabajo además en una ley de adaptación climática, una ley de eficiencia energética y una ley de seguridad energética que garanticen continuidad en este rumbo.
5-) Jamaica la comparación que obviaron los gobiernos del PLD.
Mientras República Dominicana ignoraba la Hoja de Ruta, Jamaica sí la aplicó. En 2013 publicó su propio plan, fijando una meta de 50 % de electricidad renovable en 2030. Hoy, su sistema avanza en solar y eólica, reduciendo la dependencia del petróleo y aumentando resiliencia climática.
En contraste, aquí se prefirió Punta Catalina Y la diferencia se mide en competitividad, en costos y en capacidad de atraer inversiones limpias.
Visión de futuro: Un país más justo y sostenible, el gobierno del presidente Luis Abinader está corrigiendo este rumbo. En apenas 5 años, con recursos limitados y atravesando la pandemia, hemos integrado 1,200 MW al sistema eléctrico, de los cuales 800 son renovables. Eso es más que toda la capacidad aportada por Punta Catalina en 8 años de retrasos.
La transición energética no es solo un compromiso internacional, es una necesidad de soberanía, salud, empleo y justicia climática. Sí, todavía necesitamos cambios en la administración de las EDES, pero la mayoría de actores del sector eléctrico comparte esta visión de futuro basada en ciencia y sostenibilidad.
En conclusión, Punta Catalina no es símbolo de grandeza, es es símbolo de ineficiencia, atraso y contaminación. La República Dominicana merece más que una planta a carbón convertida en monumento al error.
Hoy tenemos la oportunidad de rectificar y ser líderes en energías renovables. El futuro no puede esperar. El cambio climático no da prórrogas.



