Muchos de nosotros nos dedicamos a vivir un ritmo de vida flash, donde no había tiempo para el matrimonio, los hijos, la casa, o simplemente leer un buen libro o disfrutar de una buena película.
Después que llega a nuestras vidas esta pandemia, hemos tenido que adaptarnos a un nuevo sistema de vida, resurgir cómo seres humanos, frente al hecho de volver a lo práctico mirando la vida desde otro ángulo, tomando como parámetro tiempos de crisis, lo cual nos enseña lo que realmente importa, y es que en lo simple esta lo más preciado.
Muchos nos hemos autoanalizado, y mientras pasan los días hemos ido cambiando y transformando nuestro carácter, en tal sentido ya podemos apreciar el viento, las estrellas, los pajaritos y darnos cuenta lo bello de la naturaleza.
Nos hemos ido adaptando a una nueva forma de vivir, hablamos el lenguaje de nuestros hijos, nuestro matrimonio se ha sido unificando, o simplemente sabemos cuántas piezas de ropa tenemos en nuestro closet.
La crisis sanitaria mundial nos ha enseñado a unirnos como hermanos y cantar a una voz, hemos aprendido a orar y a conectarnos con nuestro creador en tiempos difíciles, nos damos cuenta que tenemos un Dios y que siempre ha estado, pero que nuestro día a día no nos permitía que nos diéramos cuenta su existencia.
No es fácil vivir en cuarentena, pero solo piensa en todas las cosas que tenías por hacer y el tiempo no te daba, pues cuando todo esto pase nos dejara como enseñanza valorar lo que realmente lo tiene y a darle importancia a nuestra familia.
No mires esto como una crisis, míralo como una bendición, ha servido para que nos demos cuenta que rápido vivíamos y de cuán importante es apreciar lo simple y mirar la vida desde otra perspectiva.



