Por Jorge Lendeborg
Hace algunos días, me encontraba compartiendo con amigos en una de esas acostumbradas tertulias donde la política siempre toma el protagonismo. En esas conversaciones, los temas cambian más rápido que Marileidy Paulino en los 400 metros: de la reforma fiscal a la reforma constitucional, del nuevo gabinete a los que faltan por nombrar, de los que parecen quedarse afuera a los candidatos presidenciales del PRM y el futuro del PLD. En medio de ese ir y venir de temas, uno de los presentes afirmó con certeza: “Yo no sé en 2028, pero a partir de 2032 nadie le gana a Omar”, refiriéndose al senador electo, Omar Fernández.
Continuó diciendo: “Oye, no existe un joven con las condiciones de ese muchacho”, utilizando el término “ese muchacho” con respeto y admiración, como si se tratara de un amigo cercano. El contertulio prosiguió describiendo las cualidades del senador del Distrito Nacional, concluyendo con la frase: “…y está preparado, humilde y sencillo”.
Fue en ese instante cuando intervine, primero reconociendo todas las cualidades del joven Omar Fernández, y coincidiendo en su futuro promisorio y las altas posibilidades de que se convierta en presidente de la República en un futuro no muy lejano. Pero agregué: “¿Ustedes conocen a Juan Garrigó Mejía?”. A lo que otro, inmediatamente reconociendo el nombre, respondió: “Sí; el nieto de Hipólito”, refiriéndose al hijo de la alcaldesa Carolina Mejía y nieto del expresidente Hipólito Mejía.
Fue entonces cuando comencé a exponer sobre las cualidades de ese joven al cual conocí por primera vez hace unos años, quedando sorprendido por su carisma, gracia, empatía con los demás, humildad y preparación. Inmediatamente pensé: “Este muchacho va a ser presidente algún día de la República Dominicana”.
Juan Garrigó Mejía, viceministro de Gestión Social de la Presidencia, con tan solo 30 años de edad, es graduado en ciencias políticas y economía en la American University en Washington, D.C., y tiene un posgrado de la Universidad de Georgetown. No solo se ha preparado académicamente para cuando le toque su turno, porque queda claro que ahora le toca lanzarse a su madre, Carolina Mejía, pero ciertamente este muchacho es el heredero de la gracia divina de su abuelo.
Aunque se ha mantenido tras bambalinas, reconociendo que faltan muchos años para su turno al bate y entendiendo que el protagonismo ahora debe ser de su madre, las cualidades humanas de Juan son inigualables. Con un lenguaje llano, sin palabras rebuscadas, conecta tanto con el primer quintil como con el quinto. Las condiciones de este joven son excepcionales.
Que quede claro: los Mejía serán la única dinastía que logre tener tres candidatos presidenciales de tres generaciones diferentes en la República Dominicana: padre, hija y nieto. Hoy estoy casi seguro de que, al menos, dos de ellos llegarán a la presidencia.
Termino con la frase del amigo de la tertulia: “En el PRM, oye, no existe un joven con las condiciones de ese muchacho”.



