La devastación del campo dominicano y el decreto de Danilo

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Por Abril Peña 


Ir por los campos más lejanos de nuestro país es como ver una película de aquellas donde se ven caminos solitarios algunos pedregosos y en otros un asfalto donde el sol solamente parece reflejarse a lo lejos con una que otra casa o ser humano cada tantos Km.

En resumen nuestros campos estan despoblados, mientras las ciudades como el Gran Santo Domingo parecemos ahogarnos en un mar de gente, los campos parecen morir ante el abandono de sus gentes partiendo en busca de mejores condiciones de vida.

El fenómeno no es exclusivo de República Dominicana, la despoblación rural es mundial, la gente se hacina alrededor de donde está el dinero y es un tema que preocupa grandemente a países como España por ejemplo donde tienen ciudades que no cuentan ya ni con un centenar de personas.

El hacinamiento viene cargado, no sólo de tapones, sino de delincuencia ante la falta de empleo por el exceso de demanda, falta de viviendas, hospitales y escuelas sobregirados y un largo etc de problemas versus el campo con pocas gente pero que en nuestro caso por ejemplo las comunidades fronterizas abandonadas son ocupadas por inmigrantes ilegales, una gran falta de servicios públicos, falta de inversión pública y privada, desesperanza… pobreza. Dos caras de una misma moneda.

A mi entender el decreto 168-19 emitido ayer por el Presidente Medina ataca ambos problemas y otros más. Al obligar a las empresas del Estado a comprar en el mercado agropecuario nacional fomenta que el empresariado dominicano vuelque sus ojos a las empobrecidas zonas al ver en ellas una oportunidad de negocio por demás monopolizado a partir de ahora por los productores dominicanos, con esto habrá más empleo y podrán florecer otras oportunidades de negocios atraídas por la gente que podrá regresar a sus ciudades de origen ante la oportunidad de regresar a casa con trabajo y servicios garantizados.

Parece un sueño pero es posible, República Dominicana tiene capital humano y buen terreno de sobra, deberíamos producir como para mantener de productos incluso industrializados a medio continente, pero para interesar a los dominicanos en sus campos hacían falta varias cosas, negocios y empleo eran dos, nos atrevemos a sugerir que si quieren que obreros y profesionales regresen deben de garantizar además buenas carreteras, buena educación, salud e incluso diversión.

Ningún profesional irá a vivir a un campo con su familia si allí no le puede garantizar el acceso a servicio de CALIDAD que ofrecen las grandes urbes a los suyos.

Pero 2 patas de la mesa ya están colocadas y es un gran avance si se cumple a cabalidad. Hay otras aristas que tratar del decreto en cuestión, pero eso es tema de otro artículo.

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