Todos nos hemos horrorizado con el vídeo del joven propinándole una paliza a otro en una universidad, cuando lo que deberíamos de pensar es: ¿porqué nos sorprendemos?, lo raro es que tardará tanto ver un espectáculo de esa categoría en una universidad, puesto que a cada rato se filtran videos de pleitos en la escuelas y no a puños precisamente, también se ven en las calles, colmados y hasta en plazas, ¿acaso pensamos que está escalada de violencia no iba a llegar allí? ¿Por qué? ¿Acaso la personalidad de los dominicanos cambia al pasar las puertas de las altas casas de estudios?
Lo cierto es que somos una sociedad enferma, que terminó de enfermarse más tras la pandemia, tal y como advirtieron los organismos de salud mental, una sociedad cuya capacidad de resolver conflictos de manera pacífica es inexistente, una que no le enseña a niños y jóvenes a manejarse en un marco de respeto, aceptando las diferencias, a ser pacíficos y empáticos y luego nos creemos que con la famosa “madurez” los patrones aprendidos de toda una vida, cambiarán por obra y gracia del Espíritu Santo.
Cuando vemos las estadísticas de violencia doméstica, de femenicidios, la agresividad con la que aquí se maneja, que la gente golpea o mata a otro por 50 pesos, porque lo miraron mal, porque se rieron de ellos, porque le comió la carne del plato, un parqueo o la ralladura de un vehículo, por un juego de dominó, etc, entonces tenemos que saber que no podemos esperar peras de un naranjal, y prepararnos para seguir viendo este tipo de espectáculos, después de todo solo nos quejamos de la violencia que parece multiplicarse como verdolaga, ¿pero que estamos haciendo para preverla?
Estamos cosechando lo que sembramos ni más, ni menos. Hay que agradecer que las válvulas de escape aún funcionan, porque si no las explosiones de violencia fuesen más a menudo y más cruentas, para muestra solo hay que ver USA y sus constantes tiroteos masivos.
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