En antecedentes de Macarrulla no hay defensa al interés nacional

Por Yari Tapia
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Por Danilo Cruz Pichardo


Se subestima la inteligencia de la población cuando al ocupar un cargo público se renuncia al sueldo, como en efecto hizo el ingeniero Lisandro Macarrulla al llegar al Ministerio de la Presidencia. ¿Qué empresario abandona empresas que les generan millones de pesos para ir al Estado a sacrificarse? Tendría que ser un patriota y a lo más que llega un empresario es a ser liberal.

Carlos Marx, en su obra “El Capital”, habla de la plusvalía, que es la diferencia entre lo que el trabajador produce y lo que recibe, lo que contribuye a generar la acumulación de capital y la explotación del “hombre por el hombre”. Se colige que, por el carácter inhumano de ciertos empresarios, su condición es incompatible con el patriotismo o la defensa a la patria.

Solo a un comunicador recoge pesos, a un funcionario adulón o a un dirigente del PRM que se la busca (de esos que solo falta que se bajen los pantalones) se les ocurre resaltar las “grandes virtudes” del señor Macarrulla. Ese empresario está en ese cargo y es dueño de más de medio Gobierno porque fue el puente canalizador en la entrada de recursos millonarios a la campaña de Luis Abinader. No por otra cosa.

Los compromisos económicos que se dice tiene el presidente de la República con Macarrulla son grandes. Es la razón por la cual no puede ser suspendido, a pesar de estar involucrado en la sobrevaluación de la nueva cárcel La Victoria y en el leonino contrato de San Souci, en el cual aparecen también los Vicini. Ambas operaciones afectan sensiblemente el interés nacional. Por mucho menos de ahí se canceló a Kirberly Taveras y a Leonardo Faña, imputados en dos casos que no involucran recursos estatales.

El momento es oportuno para que el presidente de la República, que dijo en una oportunidad que tiene amigos en el Gobierno, pero no cómplices, se dirija a la nación para abordar los escándalos que rodean a Lisandro Macarrulla, pues no se trata de delitos de “difamación e injuria”, como consideró hace varias semanas el poderoso ministro.

Una de las razones de la aprobación que tiene el Gobierno (aparte, naturalmente, de la excelente labor que hace el Ministerio Público) es la transparencia en la administración pública, la cual puede sufrir deterioro con la obstinación presidencial de mantener a Macarrulla en su cargo, el cual se percibe como una sombra. Quizás algo más: una mancha.
El presidente Abinader parece obviar que la valoración de un gobierno es circunstancial. Danilo Medina llegó a ser el presidente mejor valorado de la región e inclusive del mundo, pero los escándalos de corrupción lo bajaron de la cima con rapidez.

Cada día que pasa la imagen del Gobierno va dañando por la presencia de Macarrulla. No solo es el principal ministro, también es el presidente del Consejo Económico y Social, entidad que, según se dice, tiene en carpeta la privatización de empresas estatales, entre las que se mencionan las plantas de Punta Catalina y los acueductos del país.

Es cierto que las plantas de carbón generan excesivas cenizas y son contaminantes al medio ambiente, pero una alternativa es la conversión a gas y el Estado no tiene que desprenderse de un bien que sirve para ofrecer un servicio estratégico, como es el eléctrico.

Muchos expresaron sorpresa cuando la ley del INAPA fue modificada para designar a un abogado. Es decir, el PRM, partidos aliados, movimientos de apoyo, el país en sentido general, no disponían de un ingeniero, por lo que obligatoriamente había que designar exclusivamente a una persona. Más que caer en el campo de la especulación, parece que tenían razón aquellos que afirmaron que ahí había un “maco”.

Ahora el Consejo Económico y Social, en un despropósito que daña el interés nacional, insiste contra viento y marea en la famosa “Alianza Público-privada”. Muy bonito nombre, pero se presienten resultados funestos para el Estado dominicano.
Luis Abinader, que ha demostrado en la práctica que valora a las personas por su nivel social, está metido en un lío, pues la única forma de Macarrulla renunciar es si se le devuelve su dinero. Es posible devolverle el dinero que buscó con empresarios que invierten en campaña para después multiplicarlo, pero esos recursos no pueden salir del Estado, sino del patrimonio del presidente de la República, que, según confirma una fuente de entero crédito, no gastó cinco centavos de los suyos antes del 5 de julio de 2020.

Erróneamente Luis Abinader atribuye su triunfo a la inversión económica, razón por la cual la mayoría de ministros y otros altos funcionarios son empresarios.

Pero ¿quién le dijo a Luis que él ganó? Sencillamente el PLD perdió, porque la población se hartó de los exabruptos del Gobierno, que llegó al extremo de provocar el aborto de los comicios municipales de febrero del 2020, lo que llenó de ira a la juventud de clase media que se apostó en la Plaza de la Bandera, siguiendo con los cacerolazos espontáneos que se sintieron en todo el país. El “se van” de los peledeístas se iba a materializar con dinero o sin dinero de los empresarios.

A Macarrulla que le paguen los meses de trabajo que él declinó cobrar, ofertando la pose de patriota, el hombre que abandonó a sus empresas para ir al Estado a “sacrificarse”. Sus antecedentes hablan por sí solo, no hay un solo hecho que revele sacrificio y la “alianza público-privada” no convence a nadie. Privatizar empresas públicas, con las condiciones de San Souci, podría provocar consecuencias impredecibles.

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