El PLD y la quiebra de la esperanza

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Por Alfredo De la Cruz


Hasta el momento de la división pos-primarias en el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), el Partido Revolucionario Moderno (PRM) venia marchando con ciertas desventajas, con su posicionamiento en la preferencia del electorado respecto del PLD. Según establece la encuesta ASISA, el 26 de septiembre de 2019 (a tan solo a 10 días de las elecciones primarias) el PLD marcaba 59% en las simpatías partidarias, y el PRM 32%. Al mismo tiempo, en la intención del voto para las elecciones presidenciales, congresionales y municipales del 2020, el PLD marcaba 66% contra un 28% del PRM. 

La división del PLD, oficializada con la salida de Leonel Fernández el 20 de octubre de 2019, le presentó al PRM la brecha que de manera desesperada había buscado para equilibrar la correlación de fuerzas entre ambos partidos políticos. La división proyectaba los puntos débiles y amplificaba las vulnerabilidades que aquejaban al PLD, lo que permitió al PRM replantear sus estrategias para, cual ducho torero, ir colocando sus respectivas banderillas, sin prisas, pero sin pausas. Mientras tanto, el PLD iba quedando entrampado en una guerra de desgaste con la Fuerza del Pueblo (FP), el flamante partido político de Leonel Fernández.   

El domingo 16 de febrero de 2020, se celebrarían las elecciones ordinarias generales municipales, donde, a pesar de “la rebelión en la granja del PLD”, este acudía a las urnas como favorito. En un giro inusitado, aproximadamente dos horas luego de iniciadas las votaciones, el Pleno de la Junta Central Electoral (JCE), encabezado por su presidente, Julio César Castaños Guzmán, suspendió las elecciones argumentando inconvenientes con las boletas automatizadas en los municipios en que fueron empleadas. 

EL MÁS GRAVE ERROR POLÍTICO DEL PLD  

A pesar de la falta de respuestas concluyentes de las autoridades electorales, el torpe manejo de las investigaciones, las acusaciones de la oposición contra el gobierno, contra el partido oficial, el traslado de las elecciones municipales al domingo 15 de marzo y el raro ambiente creado por estas funestas decisiones sin precedentes en la historia electoral nacional, el PLD no demandó la renuncia del Pleno de la JCE, ni se mostró a la altura de las circunstancias como esperaba su base de apoyo electoral y la ciudadanía en sentido general.  

A partir de allí, al PLD se le vinculó con lo ocurrido, pues en el imaginario popular se instaló la impresión, de que este tenía el interés de ganar tiempo con la suspensión, por lo que se movilizaron amplios sectores de clase media y alta, principalmente jóvenes, que se convirtieron así, en una poderosísima ficha estratégica de la campaña del PRM y la FP. 

Mientras, en una dramática asociación, el PRM y la FP seguían colocándole banderillas a un vetusto PLD (20 años en el poder, 16 de manera ininterrumpida) sus miembros y simpatizantes se mostraban acongojados y hasta sorprendidos. Sin embargo, a pesar de las obligatorias nuevas lecturas, y una nueva elección en ciernes, la dirección del PLD no fue capaz de entender el gran reto que tenía en frente, ni de modificar su accionar estratégico.

El 21 de febrero, el gobierno dominicano solicitó a la Organización de Estados Americanos (OEA) investigar las fallas por las que se suspendieron las elecciones municipales. Sin embargo, estos resultados no se obtendrían hasta un mes después de celebradas las elecciones. El exitoso sistema empleado por el PLD, hasta ese momento, para mantener el control en todos los procesos electorales, presentó su primera gran falla visible, en estas elecciones del 15 de marzo, pues al no poder deslindar cuantos miembros se fueron con Leonel Fernández y cuantos se mantuvieron fieles a Danilo Medina, después del 20 de octubre de 2019, el sistema acotó un gravísimo error, cercano al 20 por ciento. Pues los individuos aparecían identificados en este como peledeístas, mas no a la corriente grupal a la cual pertenecían. 

Bajo el influjo del descontento y las protestas populares, emblemáticas plazas fueron arrebatadas al PLD. Quedaba evidenciado que este había perdido la conexión con aquellos representativos sectores de la sociedad que comentamos más arriba. Desvinculación constatable en el mapa de resultados electorales. 

En otra decisión tan sorprendente como preocupante, el 13 de abril, la Junta Central Electoral anunció la suspensión de las elecciones generales congresuales y presidenciales pautadas para el 17 de mayo y la posposición para el 5 de julio del 2020, debido a la crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19. El PLD avanzó al nuevo proceso, sin acometer la tarea de control de daños, una vez más. 

LA CRISIS SANITARIA Y LA SEGURIDAD NACIONAL 

Las crisis sanitarias como tal, son perturbaciones nacionales que pueden poner en riesgo la seguridad del propio Estado, lo que significa que tienen el potencial de lesionar la calidad de vida de los ciudadanos y no tener una solución eficaz desde el punto de vista de la seguridad sanitaria. Como tal ameritan un trato de seguridad nacional, significando que el Estado está dispuesto a emplear las fuerzas armadas, intervención de comunicaciones o toques de queda, entre otras medidas, si fuera necesario, en busca de una solución eficaz, lo que se traduce en el destino de cuantiosos recursos económicos que en otras condiciones podrían destinarse a otras áreas con necesidades importantes (De la Cruz Rijo, 2016). Sin dudas esto amerita un consenso general bien amplio de las fuerzas vivas de la nación.  

Al principio de la crisis sanitaria, la oposición política nacional en cumplimiento de las disposiciones de las autoridades nacionales permaneció en casa. A pesar de no haber sido consultada sobre su visión de la pandemia y el desarrollo de la misma, como correspondía con este tipo de crisis nacional de alcance global. Sin embargo, el candidato oficialista salió a la calle y logró sumar resultados positivos, creciendo y fijando su figura en las preferencias electorales. Ante esta realidad, que le mostraba solo, en el espacio político, en medio de la pandemia, la oposición comenzó a realizar lo que desde enero había empezado a vislumbrar con muy buenos resultados: oposición. 

SI LOS DE ABAJO SE MUEVEN LOS DE ARRIBA PUEDEN CAER   

Como consecuencia de los hechos acumulados a lo largo de 20 años de poder: inamovilidad del tren gubernamental, ostentaciones, exhibicionismos, humillaciones, abusos, inequidad, predominio de lo insulso sobre el esfuerzo y lo trillado, el desprecio por la meritocracia, la falta de vías institucionales para canalizar las inquietudes partidarias, las denuncias de corrupción, la desprotección del medioambiente e impunidad, dio como resultado, lo que ocurrió el 5 de julio pasado que ya es parte de la historia, la pérdida del poder político y del control del gobierno por el PLD.  

La alta dirigencia peledeista e importantes funcionarios del gobierno en el confort de sus posiciones, fueron incapaces de ver la amenaza que representaban las fichas estratégicas empleadas por el PRM y no enfocaron sus esfuerzos a realizar el control de daños en las marcas partido y gobierno, y a fidelizar sus bases de sustentación.  

EL PACTO DE JUAN DOLIO Y EL IX CONGRESO  

El PLD enfrenta ahora el mayor desafío de su existencia, lograr lo que no logró a lo largo de 20 años de ejercicio del poder: la renovación de sus estructuras internas. Sin embargo, si el PLD quiere conjurar sus demonios internos, puede tomar como referencia, el acuerdo firmado por todos los miembros del Comité Político en Juan Dolio (Pacto de Juan Dolio) el 28 de mayo de 2015, cuyo numeral 6 estatuía, impulsar la posposición del Congreso del Partido de la Liberación Dominicana para el último trimestre del año 2020. De manera que, si el PLD busca en verdad renovarse, el Congreso partidario le daría, desde lo institucional, sin presiones y sin revolución de los sargentos, una renovación natural. Aún se está a tiempo. El sábado 8 de agosto en la próxima reunión del Comité Político, es momento de avanzar en ello.  

Antes era así, situación que cambió con la llegada del PLD al poder, donde el Congreso se fue postergando y en vez de realizarse cada 4 años, inmediatamente después de las elecciones generales nacionales, para la renovación de sus documentos doctrinarios y de su dirección nacional, se fue cambiando el ritmo entre el congreso y las elecciones. 

RENOVACIÓN CON LO MEJOR DE LO HISTÓRICO Y LA JUVENTUD 

Pero ojo, esta renovación deberá ser pactada entre las diversas corrientes internas del PLD, sin la cooptación que da el poder del dinero, ni la influencia que dan los altos cargos de dirección a los titulares o a quienes están en sus alrededores. Sino más bien en una especie de acuerdo redentor, donde juventud y experiencia se unan en el camino del fortalecimiento para devolver la confianza y empoderamiento a sectores que nunca vieron como interlocutores ni a Leonel ni a Danilo, para derribar la represa a liderazgos emergentes con posibilidades reales de la necesaria renovación en estos momentos.  

Lo anterior parecería mostrar que la lucha política a lo interno del PLD deberá profundizarse, no con el interés de vencer a grupos específicos, tampoco para mostrar individualidad, sino para que los peledeístas todos juntos puedan orquestar un plan revolucionario que democratice y de también sentido patriótico a la tarea de conquistar nuevos espacios de trascendencia y que esa lucha sea reconocida con la única idea de defender los intereses nacionales de aquel proyecto liberador que una vez soñaron Duarte, Sánchez y Mella.


 De la Cruz, A. (2016). El Estado dominicano frente a la necesidad de una Estrategia de Seguridad Nacional. Santo Domingo. Ministerio de Energías y Minas. 

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