Opinión

El “Abyecto del Año” o “La cara de la  basura”

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Por: Jesús Batista Suriel

En el mundo actual, la política es un juego que se basa en tácticas y propaganda. La República Dominicana no es una excepción. Cuando se acercan las elecciones, las ciudades se llenan de carteles, banderas y señales que promocionan a diferentes partidos políticos y sus candidatos. Aunque las campañas políticas son importantes para las sociedades democráticas, la publicidad excesiva de anuncios políticos puede hacer que las ciudades se conviertan en paisajes caóticos y antiestéticos.

Es hora de que abordemos este tema con la responsabilidad que amerita e impongamos sanciones estrictas a los políticos que contribuyen a la contaminación de nuestros entornos urbanos. Inaceptable seguir votando por candidatos que agraden la ciudad con La contaminación visual causada por su propaganda política desproporcionada. 

La muestra de cinismo e incoherencia fue de un candidato alcalde del Distrito Nacional que dirige una institución cuyo objetivo es “Impulsar el desarrollo sostenible es un objetivo estratégico de la República Dominicana, así como proteger los recursos naturales y los servicios ambientales como parte integral de nuestro crecimiento económico. Para identificar a nivel nacional estos esfuerzos relacionados con el desarrollo local sostenible, el Centro de Innovación” Prometía una ciudad más limpia, pero  con su promoción lleno la ciudad de afiches en árboles, paredes y demás… Tremendo cínico. 

Imagínese caminar por una calle en la que cada árbol, cada pared y cada poste de tendido eléctrico están llenos de carteles de políticos que compiten por el poder. No obstante, el mismo candidato que agredió la ciudad ensuciándola dice que la va a limpiar. 

 

Este desorden visual no solo distrae a conductores y peatones, sino que disminuye el atractivo general del entorno. Transmite una imagen de caos y desorganización, en lugar de una ciudad agradable. Además del impacto visual negativo, la utilización masiva de papel y materiales para anuncios políticos también tiene graves consecuencias medioambientales. Esto conduce a una generación innecesaria de residuos, que se suma a la carga a la que ya se enfrentan nuestras limitadas capacidades de vertido.

Es importante tomar una medida para evitar que los políticos usen excesiva propaganda para afectar el medio ambiente. Podemos impulsarles a adoptar estrategias publicitarias más sostenibles y respetuosas con el entorno natural. No es posible que los ayuntamientos destinen millones de pesos para limpiar lo que ensucian ciudadanos  y candidatos políticos sin formación y educación cívica.  Las campañas políticas deben centrarse en presentar sus ideas, políticas y planes al público de forma justa y ética. Sin embargo, el despliegue excesivo de propaganda política suele desviar la atención de la verdad sobre las elecciones. Se vuelve una disputa entre quienes pueden comprar y pagar más por sus anuncios en lugar de quienes pueden ayudar a los ciudadanos.

 

Si penalizamos a los políticos que se entregan a prácticas publicitarias excesivas o poco éticas, podemos promover la imparcialidad durante las elecciones. Esto animará a los candidatos a encontrar formas alternativas de relacionarse con los votantes, como los debates públicos, las reuniones comunitarias y las plataformas digitales. 

 

Para abordar este problema, es crucial aplicar normativas y sanciones más estrictas a los políticos que contribuyen a la contaminación de nuestros entornos urbanos. Los ayuntamientos deben establecer directrices claras sobre el tamaño, la cantidad y la ubicación de los anuncios políticos. 

Los ayuntamientos también pueden establecer espacios designados para los carteles y pancartas políticos, a fin de garantizar una exposición más organizada y controlada de los materiales de campaña. Limitando el número de carteles permitidos por candidato o partido, podemos reducir 

En última instancia, la responsabilidad de unas elecciones más limpias no es sólo de los políticos, sino también de los propios ciudadanos. Como votantes, tenemos el poder de exigir cambios y hacer que los políticos rindan cuentas de sus actos. Apoyando a los candidatos que dan prioridad a una campaña responsable y ética, podemos enviar un mensaje contundente a la clase política de que ya no se tolerará la contaminación de nuestras ciudades.

Un proceso político más limpio comienza con un medio ambiente más limpio. Ya es hora de que abordemos la cuestión de los políticos que contaminan nuestras ciudades con carteles y propaganda política durante las campañas electorales. Exijamos normas más estrictas, sanciones y una conducta ética a nuestros líderes políticos.

En República Dominicana no disponemos de una política similar a la ciudad de Hong Kong, le han declarado la guerra a los incívicos que contaminan la ciudad.  Se trata de mostrar las caras de las personas que ensucian la ciudad.  Se procesan y crean un perfil con las caras con muestras de ADN que recogen residuos de colillas de cigarrillos, envases o chicles, y luego se instalan los carteles en paradas de autobuses, centros públicos y privados.  

El nombre de la campaña es «Las caras de la basura.

Aunque este artículo fue impulsado por la presencia de campanas políticas, el premio de la cara de la basura debería seguir siendo concedido de manera continua. De esta manera, es factible controlar a aquellos individuos que creen que habitamos en una selva sin restricciones ni regulaciones.

Se debe hacer cumplir la ley. ¡La sociedad civil, empresarios, los partidos políticos y los ciudadanos decentes, que son la mayoría, deben apoyar las autoridades municipales en esta difícil tarea… crear el premio, el “Abyecto del Año” o “La Cara de la Basura”, lo demás… es flamenco!