Diputado Mayobanex Martínez: “Eliminación del matrimonio en menores de 18 años, debe aprobarse a unanimidad”

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El Pregonero, Santo Domingo.- El diputado del Partido de la Liberación Dominicana, Mayobanex Martínez, durante su intervención en sesión de la Cámara de Diputados, manifestó que el matrimonio en menores de 18 años, debe de ser aprobado a unanimidad.

El proyecto de ley que aún se está conociendo en el Congreso Nacional, el legislador dijo que es un “tema recurrente en el acontecer nacional que periódicamente concita la atención y causa revuelo por lo sensible y preocupante del mismo es el de  las menores embarazadas; y otro aspecto consustancial con el problema lo constituye el matrimonio o unión temprana de estas jóvenes  (gestantes o no) sin tener la edad reglamentaria para ser consideradas adultas y/o responsables de sus actos”.

Intervención en Hemiciclo del diputado por Santiago Mayobanex Martínez Durán, con motivo del conocimiento del proyecto de ley que elimina el matrimonio que involucra menores de edad.

Un tema recurrente en el acontecer nacional que periódicamente concita la atención y causa revuelo por lo sensible y preocupante del mismo es el de  las menores embarazadas; y otro aspecto consustancial con el problema lo constituye el matrimonio o unión temprana de estas jóvenes  (gestantes o no) sin tener la edad reglamentaria para ser consideradas adultas y/o responsables de sus actos.

Se manejan muchas cifras sobre este flagelo. Muchas de estas, fidedignas y creíbles; otras, inciertas; pero, todas preocupantes.  Me remito a las que ofrece una fuente confiable sobre esta materia: la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS) que nos sitúa encabezando la lista de naciones de Centroamérica y el Caribe que tienen los mayores índices de fecundidad adolescente, siendo la República Dominicana la que tiene la tasa más alta, correspondiente a  100.6 (menores embarazadas) por cada 1000. Si contrastamos este número con la taza mundial de embarazos precoces, que es de 46 por cada 1000, el resultado es desolador y espeluznante.

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Entre otros datos que hemos podido recopilar se encuentran los ofrecidos por la publicación de la Encuesta Nacional de Hogares de Propósitos Múltiples (Enhogar) que alertaba sobre el alto número de jóvenes que quedan embarazadas entre los 15 y 19 años y las consecuencias de la preñez a esa edad, destacando que el 67.7% de las que se embarazaron no deseaban tener un hijo en ese momento y que el 48.7% no continuó asistiendo a la escuela, colegio o universidad luego del nacimiento de su primer hijo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) nos aporta la siguiente información en su portal en la web bajo el título de Datos y Cifras:

Unos 16 millones de muchachas de 15 a 19 años y aproximadamente 1 millón de niñas menores de 15 años dan a luz cada año, la mayoría en países de ingresos bajos y medianos. Las complicaciones durante el embarazo y el parto son la segunda causa de muerte entre las muchachas de 15 a 19 años en todo el mundo.

Es necesario ampliar programas de orientación y apoyo como los instituidos en el pasado gobierno del Partido de la Liberación Dominicana, implementados a través del Ministerio de Salud Pública, para garantizar los métodos anticonceptivos en el Cuadro Básico de Medicamentos Esenciales (CBME), incluyendo planes y políticas nacionales con abordaje integral de los adolescentes, con énfasis en el embarazo, como el Plan Nacional de Prevención de Embarazos en Adolescentes 2011-2016 y el Plan Plurianual 2017-2020 del Ministerio de Salud Pública.

A esto se suma, la ejecución de los programas “Tú No Ta’ Pa’ Eso”, “Yo Decido Esperar” y “Bebé, Piénsalo Bien”, para orientar a los jóvenes acerca de la responsabilidad que representa tener un hijo.

¿Qué consecuencias se derivan de esta situación?

Los embarazos en  adolescentes tienen repercusiones negativas inmediatas y a largo plazo para la madre, sus hijos y para la sociedad en su conjunto; la gestación en edades prematuras obstaculiza el desarrollo psicosocial de las adolescentes, va ligado a resultados deficientes en materia de salud, tanto para ellas como para sus hijos, dificulta (y hasta impide) sus oportunidades educativas y de inserción laboral,  perpetuando los ciclos intergeneracionales de pobreza y salud deficiente, como lo resalta el organismo sanitario global.

La complejidad del problema es de tal magnitud que la abogada penalista Sonia Hernández,  quien trabaja en varios países en programas de protección y prevención de la violencia en personas en situación de pobreza, ha expresado la siguiente escalofriante afirmación: «Los padres apoyan la unión temprana de sus hijas por el beneficio económico”.

Abordar esta dramática y penosa realidad social amerita no sólo voluntad y rigor; se requiere que el Estado, especialmente el gobierno como ente rector y encargado de implementar las políticas públicas, priorice el tema e involucre de forma activa a la sociedad en su conjunto, que es la que se ve impactada finalmente por esta seria y perturbadora práctica social

No es simplemente una legislación estricta y hermética la herramienta única para reparar este mal social; se requiere la promoción y aplicación de medidas integrales en el campo educativo (formación), en materia económica (oportunidad y apoyo), en el área sanitaria (acceso a los servicios de salud), priorizando la educación sexual tanto en el hogar como en los centros docentes, para contrarrestar el bombardeo masivo y permanente que reciben nuestros niños, adolescentes y jóvenes a través de las redes, en adición a  los mensajes alienantes de ciertos  géneros rítmicos; esto, unido a una campaña permanente de información, orientación y prevención usando todos los medios disponibles (cómo la radio, televisión, prensa escrita y digital, Internet y redes) y con la participación activa de las ONG’s y otras instituciones, así como iglesias y partidos políticos.

Como bien se puede apreciar, los embarazos en las adolescentes y todo lo que se deriva de traspasar el umbral de la sexualidad activa, no es un tema exclusivo de nuestro país; aunque es evidente un desborde en los parámetros que nos obliga a desarrollar acciones más eficaces y a fortalecer y ampliar aquellas instituciones que ya existen y que deben ser parte de una estrategia mayor para enfrentar, con resultados favorables, este desafío mayúsculo; y nos referimos al Consejo Nacional para la Niñez y la Adolescencia (CONANI), institución que languidece con un exiguo presupuesto de apenas un millón y medio de pesos.

Estamos aquí, como legisladores que recibimos un mandato popular, para actuar de forma responsable e inequívoca a favor de los derechos de nuestra población; y el derecho a vivir dignamente, en un ambiente que propicie el desarrollo pleno de nuestras niñas, niños y adolescentes, el cual  se ve seriamente amenazado por una realidad que trastorna su presente y malogra su futuro.

Honorables legisladores, este es el momento  en el que debemos asumir activamente nuestro rol e impedir que nuestra legislación sea cómplice de un despropósito dañino, como es el matrimonio que involucra a menores de edad, que como muy bien se ha dicho es una forma de abuso y violencia.

Trabajemos con voluntad y sinceridad en esta cruzada por una causa loable e impostergable: salvaguardar el presente y el futuro de nuestras niñas y adolescentes para que no tengan que experimentar lo que alguien dijo una vez: «La adolescencia es el primer momento de la vida en que descubrimos que tenemos algo terrible que esconder a la gente que amamos».

Muchas gracias…..

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