Opinión

Demasiados frentes para un solo presidente: Washington debe razonar

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Por: Luis Ma. Ruiz Pou

 

El razonamiento es la capacidad de conectar ideas, evaluar hechos y llegar a conclusiones que no están a simple vista. Sin razonamiento no hay argumento; y sin argumento, no hay persuasión.

En política internacional, esta carencia no es un defecto menor: es un riesgo.

 

Desde su regreso al poder, el presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, ha proyectado una política exterior marcada por la fuerza, la presión y la expansión de su influencia. Pero toda estrategia tiene un límite: el de la realidad. Hoy, Estados Unidos enfrenta una situación delicada: demasiados frentes abiertos al mismo tiempo.

 

El principal es, sin duda, el conflicto con Irán, una guerra de alta intensidad que ya impacta el equilibrio energético mundial, la seguridad marítima y la estabilidad de Medio Oriente. No es un escenario menor ni controlable a voluntad: es una confrontación con capacidad de escalar regionalmente.

 

A este frente se suman otros focos activos: operaciones militares en Yemen, Siria y Somalia; acciones contra grupos yihadistas en África; y una polémica intervención en Venezuela que reconfigura las tensiones en el hemisferio occidental. No todos estos conflictos tienen el mismo peso, pero juntos generan un efecto acumulativo: dispersión estratégica.

 

El principal es, sin duda, el conflicto con Irán, una guerra de alta intensidad que ya impacta el equilibrio energético mundial, la seguridad marítima y la estabilidad de Medio Oriente. No es un escenario menor ni controlable a voluntad: es una confrontación con capacidad de escalar regionalmente. 

 

A esto se suma la tensión en el Estrecho de Ormuz, una de las rutas estratégicas más importantes del planeta, por donde transita una parte significativa del petróleo mundial. La amenaza, implícita o explícita, de su cierre convierte este conflicto en un factor de presión global, capaz de disparar los precios de la energía, afectar las cadenas de suministro y arrastrar a otras potencias a una crisis de mayor escala.

 

Estrecho de Ormuz convierte el conflicto con Irán en un problema global, no solo regional. El presidente Trump, debe razonar que, la historia ha demostrado que las grandes potencias no suelen caer por falta de fuerza, sino por exceso de confianza y sobreextensión. Abrir múltiples frentes puede parecer una demostración de poder. En realidad, puede ser una señal de desgaste.

 

El Estrecho de Ormuz se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para el presidente Donald J. Trump, quien no encuentra una salida clara al conflicto. La importancia estratégica de esta vía —por donde transita una parte sustancial del petróleo mundial— ha elevado la presión internacional y reducido el margen de maniobra de Washington. En ese contexto, la Casa Blanca ha intentado involucrar a la OTAN en la gestión de la crisis; sin embargo, la respuesta ha sido de cautela y distanciamiento, al no considerar el conflicto como resultado de una acción colectiva de la alianza.

 

Ante la negativa de la OTAN, el presidente Donald J. Trump reaccionó restando importancia al respaldo de la alianza, afirmando que no lo necesita, ya que el eventual cierre del Estrecho de Ormuz perjudicaría más a sus aliados que a Estados Unidos. Sin embargo, esa postura, más que reflejar fortaleza, evidencia la creciente soledad estratégica de Washington frente a un conflicto cuyas consecuencias trascienden cualquier cálculo unilateral.

 

En esta ventura, el presidente Donald Trump, está solo. Gobernar el mundo no consiste en amenazar o intervenir en todos los conflictos, sino en saber cuáles evitar y hoy, más que fuerza, lo que necesita Washington es precisamente eso:¡razonamiento!.