¡Déjenlo trabajar!: Cero hostilidad contra el Gobierno y el presidente Abinader

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Por Wandy Ramírez Valenzuela


La mayoría de la población tiene la sensación de que el gobierno tiene 2 años. Y ni siquiera han pasado unas cuantas semanas.

El mismo presidente don Hipólito Mejía, que es un político muy avezado, responsable en gran parte del éxito del PRM, y de que se alcance el poder, con tareas concretas, no visibles, que tienen que ver con la “Real Politik” se expresaba en esos términos, pidiéndole paciencia a algunos “cacos calientes” que están montándole una presión inoportuna e innecesaria al nuevo gobierno que preside Luis Abinader.

Gobernar un país no es una cosa simple. No es como dirigir una empresa. Son demasiadas variables las que hay que observar y sobre las cuales hay que tomar decisiones.  Y cuando se falla, los errores los pagan millones de personas. Esto hace que sea una cuestión muy compleja. Muchas veces estresante de hecho hay evidencia de que por cada año en el poder se envejece 4 ó 5 años.

Muchas veces hay gobiernos que se parecen a un cuerpo de bomberos, pues cuando se desenfocan solo se concentran en aquellas cuestiones incendiarias. Y viven apagando fuego. Es muy peligroso cuando desde el mismo gobierno (o desde el partido) se crean situaciones incendiarias que degeneren en serias crisis. Hay que evitar este tipo de incidentes a todo costo, por el bien del país.

— Igualmente recordemos los inicios del gobierno del mismo Presidente Mejía y sus declaraciones del tipo “Al que le deban que cobre, porque yo no voy a pagar”. Sin darse cuenta esto mando una señal de desconfianza, muy equivocada, la cual fue muy difícil de recuperar por no decir que fue imposible. Todos sabemos de las grandes crisis que se sucedieron entre el 2002 y 2004. Y eso que don Hipolito no usaba twitter.

Es así como se le pasa el tiempo a un gobierno-apaga-fuegos, manejando crisis auto-creadas, sin hacer aportes concretos al país en términos de nuevos estadios de progreso y desarrollo.

La situación inicial a confrontar

Lo triste es que la principal presión que recibe el nuevo gobierno, en este momento, es de los mismos partidarios del gobierno.

Eso es algo “normal” en un país, en una situación de crisis, cuando un gobierno empieza. Pero es muy peligroso si no se gestiona adecuadamente, con mucha sobriedad e inteligencia.

Varios medios y comunicadores ponen en relieve la situación y la desesperación del ataque directo al gobierno.

La presión de la base y de algunos medios que resaltan cada yerro, ponen entre dicho la promesa de “CAMBIO”. Es decir que independientemente de “Las Buenas Intenciones” con tanta hambre, el cambio podría ser “A PEOR”. Y esto el Presidente Abinader no lo debe ni lo puede permitir bajo ningún concepto.

Hay que recordar que, el manejo a problemas complejos ameritan soluciones sistémicas, estructuradas y en etapas. En el inmediato, mediano y largo plazo.

La alta dirigencia debe poner a raya e imponer la disciplina a los “cacos calientes” que ahora, para llamar la atención, buscan desestabilizar y deslucir un gobierno que apenas comienza. Un gobierno que puede ser exitoso si se maneja con la debida cautela, el sentido común, y la inteligencia que demanda el momento para concitar la mayor cooperación posible.

Atacar, en este momento, es inapropiado. El sentido común nos dice que ahora es vital «LOGRAR COOPERACIÓN”.

¿Cómo manejar la presión temporal por la demanda de empleos?

Si mal no recuerdo, al inicio, el PLD resolvió ésta situación de presión y demanda de empleos con las famosas nomillas, proporcionando “bienestar temporal” a sus adeptos de manera selectiva; logrando quitarse un poco la presión socio-económica interna. Pues no todos los partidarios tenían el “expertise” para entrar al tren gubernamental. Pero sí tenían serias necesidades económicas. ¿Era eso corrupción? —Para una mente retorcida sí.

Para un estadista debería ser una política social focalizada. Es hasta un deber, ético y moral, de la alta dirigencia velar por la correcta aplicación de la misma, para quitar presión al presidente y al gobierno, de modo que también se puedan implementar medidas para toda la población.

Así que, en una primera etapa el PLD, con las muy criticadas NOMINILLAS, dió el remedio adecuado, en el momento, mientras diseñan e implementan políticas en la dimensión (1) económica y (2) social que ayudaron a toda la población y que aportaron al progreso que hoy se observa en el país. Los tapones por todas partes y a todas horas son un indicador, muy visible, además de las vistosas torres ya presentes en las principales ciudades.

A grandes retos, grandes soluciones

A grandes retos un buen presidente y un buen gobierno dan grandes soluciones. Para esto se requieren funcionarios con un “mindset” estratégico.

Una vez resuelta la presión interna, que bien podría ser con las “NOMINILLAS” que proponemos; así como avanzar en temas como el inicio del año escolar, reactivar el turismo, la economía, mantener a la población sana, en tiempo de pandemia;

Tal vez el gran reto que tienen el Presidente Abinader y el gobierno es resolver algunos “issues” de ese progreso y desarrollo que hoy tenemos. Qué algunos (en las clases sociales media y alta) no son conscientes debido a que, el ser humano siempre quiere más. Lo cual es justo y racionalmente correcto.

Resolver el problema de los entaponamientos por donde quiera y a todas horas es un asunto muy relevante, para el buen funcionamiento de nuestra economía (con Coronavirus o sin Coronavirus) y para lograr los siguientes estadios de desarrollo que como país nos propongamos.

Debemos solucionar los grandes problemas estructurales para avanzar más

  1. El tema eléctrico: Aunque se ha avanzado sigue siendo toda una situación. Aún se va “la luz” de manera regular en muchos sectores y provincias. Hay que explorar nuevas tecnologías e invertir en nuevas plantas de generación, para suplir la demanda según los estudios que lo confirman. Si hay que romper con el cartel, pues que se haga. Tal vez ya es tiempo de liberar éste mercado, así como muchos otros, en beneficio de la población. Cómo en cualquier país desarrollado.

24 horas de luz a nivel nacional debe ser nuestra nueva normalidad.

  1. La educación debe ser de calidad: Idealmente nuestro nivel de educación debe ser igual que en Europa, Canadá, etcétera, donde más del 60% de la población alcanza una educación terciaria con inversión no superior al 2.5% del PIB. Nosotros tenemos el 4% y nuestra educación pública sigue siendo de muy baja calidad según los organismos internacionales.

III. El transporte público y masivo es un desorden (aquí abundaremos un poco más) :

Amerita establecer un gran sistema de transporte público funcional y eficiente, sincronizado y cronometrado (digamos cada 8 minutos) de modo que una gran parte de la población no tenga que preocuparse por salir en sus propios vehículos o simplemente que, adquirir un vehículo no sea una necesidad real, al menos en las ciudades, debido al actual mal funcionamiento del sistema de transporte público.

Sí debemos instalar un sistema de transporte que integre como solución una verdadera red ferroviaria, tanto de transporte interurbano, como de una ciudad a otra. Soportada por rutas de autobuses para las zonas muy periféricas.

El transporte en carritos de concho en ciudades organizadas o desarrolladas no existe. Tampoco los motoconchos.

Obviamente existen los sistemas de taxis, pero debidamente reglamentados. Adquirir una licencia de taxi puede costar entre 250 mil y 1 millón de dólares dependiendo de la ciudad y del continente. Dicho sea de paso un negocio rentable.

Toda ciudad organizada que se respete tiene un fácil acceso desde el centro de la ciudad hacia sus aeropuertos y viceversa.

Por lo tanto deberíamos promover y propiciar para que en una alianza público-privada logremos extender nuestras líneas de metro hasta los aeropuertos próximos a la ciudad de Santo Domingo.

Cabe destacar que acciones como estas ayudarían a resolver un gran problema a la ciudadanía (menos tapones), atraeríamos más turistas, se generarían más empleos, se mejoraría o ayudaría a manejar la situación de crisis económica, resultado de la pandemia global, pues nuestra economía se dinamizaría.

Si iniciativas como las citadas en los puntos (I) y (III) anteriores hacen sentido al nuevo gobierno, podríamos presentar, de buena fe,  dos o tres grupos inversionistas interesados en estructurar y ejecutar propuestas como éstas.

Conclusión

La institucionalidad del estado debe preservarse por encima de todas las cosas, incluso muy por encima de las necesidades primarias de algunos grupos. Debemos seguir agregando valor a nuestra democracia.

No se puede ni se debe generar desconfianza desde el mismo gobierno, mandando señales erróneas a los mercados, ni a los inversionistas extranjeros que realizan inversiones directas o que adquieren nuestros bonos en los mercados financieros y de capitales.

Esto así para que el flujo de la variable “X” en la formula del calculo del PIB continúe o retome su ritmo in crescendo, para bajar la prima del dólar, y para poder seguir colocando nuestros bonos, endeudandonos más —contrario a las promesas de campaña— para poder financiar el presupuesto de gastos del gobierno, visto que no es oportuno coger “EL FAO” de una reforma fiscal

—Pues todos nuestros partidos, casi sin excepción, son de corte populistas e ideológicamente, aunque lo disimulen, se ubican a la izquierda en la dimensión política, social y económica—.

Ahora es vital usar el presupuesto nacional para ayudar a mover la economía.

Debemos usar una buena parte del presupuesto nacional para, junto al sector privado local, invertir en proyectos de infraestructura (ampliación del metro hasta el aeropuerto, hacia el cibao, con la inversión privada internacional, nuevas plantas de generación eléctrica, etcétera) y en proyectos de apoyo directo a las empresas,  para generar nuevos empleos y recuperar los que se han perdido  (más de 700,000 entre directos e indirectos) debido a la pandemia.

Ahora debe imponerse la buena fe, la buena voluntad de todos los sectores, para salir adelante. Y la principal manifestación de dicha buena voluntad debe ser dejar al nuevo gobierno y al presidente Abinader trabajar para lograr los objetivos que él y en el gobierno se han planteado.

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