De Eduardo Estrella y su mensaje ante la Asamblea Nacional

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Por Juan Cruz Triffolio.


Hacer referencia al ingeniero Eduardo Estrella, hoy legislador en representación del Primer Santiago de América y presidente del Senado de la República Dominicana, es conversar de un ser humano apacible, humilde y honesto para quien la amistad simboliza un valor incalculable.

Hablamos de un auténtico paradigma de compromiso y laboriosidad, progenitor de una noble familia cimentada en los más acrisolados principios éticos y morales, acompañado de su dulce y adorable esposa de dotes paradigmáticos y envidiables.

Su hoja de vida ciudadana y profesional constituye un marco de referencia de honradez y modestia, principalmente para su adorado lar nativo, Santiago de los 30 Caballeros, en donde sin la necesidad del exhibicionismo, la cuestionable arrogancia y la esclavizante fantochería de los enanos mentales, emana en su cotidiano vivir su altruismo, franqueza, afabilidad y honorabilidad, luego de haber transitado por posiciones públicas que han
motivado a muchos al enriquecimiento ilícito y a encarnar las más aberrantes depravaciones.

Con el ingeniero Eduardo Estrella hemos tenido el privilegio de una relaciones de amistad que tal si fuesen mensajes pedagógicos nos han servido de enseñanzas indelebles para jamás ignorar que, real y efectivamente, en el servicio a la sociedad dominicana ¨es posible transitar por el fango sin, necesariamente, enlodarnos¨.

Consecuencia de su caballerosidad, su vasta experiencia en las lides de la política criolla, su formación humana-profesional y su incuestionable fluidez y precisión al expresarse, no hiperbolizamos si en honor a la verdad resaltamos que su substancioso y responsable mensaje ante la Asamblea Nacional, el pasado 16 de Agosto, a propósito de la juramentación del licenciado Luis Abinader Corona, como Presidente Constitucional de la República Dominicana, representa una especie de tabla axiológica a nunca ser
olvidada por quienes desde una posición pública -y hasta privada- asuman el compromiso de verdaderamente aportar al desarrollo de la patria de Juan Pablo Duarte, los independentistas y sus restauradores.

Hacer retumbar en un solemne escenario nacional la afirmación de que ¨la democracia sin una real participación se descompone¨, en voz de un ciudadano de la talla y valía del ingeniero Eduardo Estrella, es innegable que implica una convocatoria a la acción
inexorable para quienes nos embarga el orgullo de la dominicanidad.

Ya antes, con igual razón, había advertido, citando al líder inmortal de la guerra restauradora, General Gregorio Luperón, que ¨El que ama a la patria no puede comprometerla, no puede venderla ni traicionarla, sino servirla y defenderla¨.

Tal si hubiese sido embriagado por una premonición sobre el contenido del discurso del nuevo presidente de la nación, se adelantó a precisar con valentía que en su figura recae la
responsabilidad de responder ¨con el ejemplo al clamor que hace el pueblo dominicano al unísono, pidiendo que se restauren los principios y valores debilitados por la corrupción¨.

Despertando una delirante emotividad tuvo también la franqueza y el coraje de recordar que la impunidad que apaña la corrupción en nuestra sociedad del presente ha llegado a niveles inimaginables, y por tanto, ¨…debe ser blanco de nuestra condena y de nuestra
lucha por desaparecerla¨.

Pronunciado lo anterior, y tal pareciera no suficiente, el ingeniero Eduardo Estrella no perdió tiempo en imprimir mayor acentuación a su oratoria expresando, categóricamente, como aparente sentencia irremediable que ¨Todo el que tenga cuentas pendientes
con la justicia debe ser llevado ante ella, sin retaliación, pero que esto, nunca signifique permitir el favoritismo y mucho menos la protección, ya que el pueblo espera que el Estado recupere los fondos que se ha llevado la corrupción¨.

Ya en el colofón de su brillantez intervención, el distinguido hijo de La Hidalga de los 30 Caballos, evocó a viva voz que ¨el pueblo dominicano dió un ejemplo a todos, desafiando los peligros de una pandemia que se ha enseñoreado sobre todas las naciones, sin
distinciones de ningún tipo, al concurrir a las urnas y plasmar la victoria que el país celebra, a la espera de los cambios y transformaciones prometidas¨.

Y con la aparente intención de que la postergación o la omisión no se apropie del compromiso, el ducho político santiaguero no perdió tiempo en enfatizar: ¨El pueblo pidió un cambio y llegó la hora del cambio¨.

Expresado el contenido referido y no olvidando otras acotaciones de igual trascendencia, sin hiperbolización alguna, sería prudente subraya, a manera de conclusión, que en la atractiva y convincente exposición discursiva del apreciado ingeniero Eduardo Estrella se
puso de manifiesto un genuino clamor de justicia y dignidad del pueblo dominicano, al tiempo que se hizo evidente la responsabilidad de un cibaeño comprometido con el presente y futuro de una hermosa y heroica nación caribeña digna de mejor
suerte.

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