Por Bellelyn Castillo
El Pregonero, Santo Domingo. -La psicóloga Ana Simó lo afirma sin rodeos: “El beso es la antesala de todo”. En su experiencia clínica, este gesto se convierte en un indicador clave para medir el estado real de una relación.
Cuando las parejas acuden a consulta por cualquier conflicto, uno de los primeros síntomas que analiza es la disposición a besarse. Si uno de los dos rechaza el beso y admite que no le agrada la saliva, el aliento o la cercanía, la especialista identifica de inmediato un problema de química y conexión emocional.
Simó explica que el beso activa múltiples terminaciones nerviosas, especialmente en la lengua, generando una respuesta sensorial determinante en el deseo. Para que exista verdadera conexión, deben coincidir diversos componentes: el gusto por la saliva, la textura, el aliento y la sensación corporal.
“El beso te conecta”, sostiene, al subrayar que no se trata solo de un acto romántico, sino de un componente biológico y emocional que sostiene la atracción.
La experta ilustra su planteamiento con un episodio relacionado con el descubrimiento y la divulgación de la eyaculación femenina mediante la estimulación del punto G. En demostraciones realizadas por un terapeuta corporal, muchas mujeres experimentaban la eyaculación; sin embargo, al ser consultadas después, no recordaban ese momento como el más significativo. Lo que permanecía en su memoria era un gesto posterior: un beso de ternura y agradecimiento. No fue el clímax lo que dejó huella, sino la carga afectiva del beso.
Por ello, Simó recomienda a las parejas ampliar el mapa del contacto: comenzar por la frente, las manos o el cuello antes de llegar a los labios. Ese recorrido, asegura, fortalece la sensación de deseo y presencia.
“Me conecté, sentí que me deseaba”, suelen expresar sus pacientes. En buen dominicano, concluye la psicóloga, el “chuleo” no es un detalle menor: es vital para que una relación se mantenga sexualmente saludable y emocionalmente viva.



