Opinión | Por Nena Rodríguez
El aguacero de la madrugada y las primeras horas de la mañana convirtió el camino al trabajo en una verdadera odisea. Los largos tapones, las dificultades con las guaguas, , los carros públicos, el trasnporte en general y las calles cerradas por mantenimiento complicaron el desplazamiento de cientos de ciudadanos.
Mientras muchos intentaban llegar puntualmente a sus empleos, otros quedaron atrapados en el congestionamiento vehicular, buscando alternativas para avanzar bajo la lluvia y evitar llegar tarde.
Pero cabe preguntarse: ¿quién piensa en el trabajador que sale temprano de su casa, hace todo lo posible por cumplir con su horario y termina enfrentando un caos en las calles?
Aunque la lluvia no se puede controlar, la planificación de los trabajos viales, la señalización y la organización del tránsito sí requieren atención. No es justo que cada aguacero se convierta en una carrera contra el reloj para quienes dependen de las guaguas, los carros públicos o sus propios vehículos para llegar a sus destinos.
La realidad es que no todos tienen la posibilidad de pagar un transporte privado ni de salir varias horas antes de su casa. Muchos dependen del transporte público y deben enfrentar las dificultades que se presentan en el camino.
Llegar puntual al trabajo es una responsabilidad, pero también es necesario contar con vías transitables y un sistema de transporte que responda a las necesidades de la población.
Y tú, ¿pudiste llegar a tiempo al trabajo o también fuiste víctima del aguacero, los tapones y las calles cerradas?



