Editorial

Ganó La Cuaba el pueblo manda

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@abrilpenaabreu

El anuncio está confirmado: por disposición de Abinader, la planta no se instalará en La Cuaba y se buscará otra ubicación. Uso el formato de borrador de la habilidad Writing Blocks para dejarte el comentario listo.

Ganó La Cuaba y con La Cuaba ganó la ciudadanía que se organiza y no renuncia a defender su comunidad. La decisión del presidente Luis Abinader de impedir la instalación de la planta de residuos sólidos reconoce un reclamo que nunca debió ser subestimado. Pretender colocar una infraestructura de esa naturaleza en una zona de vocación ecoturística era un absurdo que exigía mucho más que promesas de tecnología y buenos resultados.

A las comunidades hay que escucharlas antes de decidir sobre su territorio. Allí vive gente que tiene derecho a proteger su agua, su entorno, sus actividades económicas y su tranquilidad.

Esta decisión también deja una advertencia para las empresas dedicadas al manejo de residuos: tendrán que hilar muy fino. Las que buscan instalarse y las que ya están operando. Porque la confianza en una nueva planta depende también de lo que la población observa en las existentes. Cuando una comunidad ve contaminación, malos olores o reclamos sin respuesta, difícilmente aceptará que le prometan que esta vez será diferente.

La credibilidad se construye con resultados: controles ambientales efectivos, información transparente y consecuencias para quienes incumplan. Una autorización no puede convertirse en permiso para deteriorar la vida de los vecinos.

El país necesita resolver el problema de la basura. Pero trasladar el problema de una comunidad a otra no basta. La nueva ubicación deberá responder a criterios técnicos y ambientales serios, acompañados de un diálogo que empiece antes de que todo esté decidido.

Y hay que reconocer que el presidente escuchó y rectificó. Corregir una decisión ante un reclamo legítimo es parte de gobernar.

Pero el protagonismo de esta victoria pertenece a quienes sostuvieron la lucha. A quienes se organizaron, insistieron y evitaron que su preocupación quedara reducida a una queja pasajera.

La Cuaba recordó algo que el poder suele olvidar: cuando la ciudadanía se une y mantiene firme una causa, puede obligar a las autoridades a retroceder.

Porque los funcionarios administran el poder que reciben del pueblo, no son sus dueños y aunque a veces se olvide, el soberano sigue siendo el pueblo.