Por Jose Alberto Blanco
La delincuencia se ha convertido en el espejo más crudo de nuestras debilidades institucionales. Cuando el Estado se ve precisado a responder con la muerte de los delincuentes, lo que se revela no es fortaleza, sino el fracaso de las políticas públicas.
La policía, aunque no es responsable directa de la génesis de la criminalidad, se ve obligada a tomar decisiones extremas que ponen en riesgo su legitimidad y la confianza ciudadana.
El gobierno prometió eliminar la delincuencia y la criminalidad. Incluso se llegó a anunciar la asesoría de figuras internacionales como el famoso Giuliani, símbolo de la “tolerancia cero”.
Sin embargo, la realidad es otra: la cantidad de asesinatos policiales se ha convertido en evidencia palpable del incumplimiento de esas promesas.
La violencia estatal, lejos de ser solución, es prueba de que las estrategias han fallado.
La raíz del problema no está en la policía, sino en un Estado que no ha sabido construir oportunidades, fortalecer la justicia ni garantizar un sistema social que prevenga el delito.
La criminalidad no se combate únicamente con armas, sino con educación, empleo digno y políticas de inclusión.
Cuando la respuesta oficial es la represión, lo que se siembra es más miedo y más desconfianza.
Detrás del famoso “poner en 29” está la normalización de la violencia estatal como respuesta a la criminalidad. El código, que en principio era un registro administrativo, se transformó en un símbolo de la incapacidad del Estado para garantizar seguridad sin recurrir a la fuerza letal. La popularización del término refleja tanto la crudeza de la realidad como la resignación social frente a un modelo de seguridad que privilegia la represión sobre la prevención.
El fracaso gubernamental se mide en vidas perdidas, en comunidades que sienten que la autoridad se ha convertido en amenaza, y en ciudadanos que ven cómo las promesas de seguridad se diluyen en discursos vacíos. La delincuencia no se elimina con balas, sino con instituciones sólidas y un compromiso real con la dignidad humana.



