Columna: Maxi Feliz | La voz de la neurodiversidad
Hay conversaciones que incomodan.
Y hay conversaciones que un país ya no puede seguir evitando.
Esta es una de ellas.
En República Dominicana —y en gran parte de nuestras comunidades latinas— la neurodiversidad sigue siendo mal entendida. Se aborda desde el miedo, desde el desconocimiento o, peor aún, desde etiquetas que reducen a una persona a un diagnóstico.
Pero reducir es fácil.
Entender… requiere responsabilidad.
La neurodiversidad no es una enfermedad.
Es una forma distinta de aprender, de procesar y de habitar el mundo.
Entonces, la pregunta no es qué les falta a nuestros niños.
La verdadera pregunta es:
¿qué le falta a nuestro sistema para poder incluirlos?
Porque el problema no es la diferencia.
El problema es un modelo que insiste en uniformar lo que, por naturaleza, es diverso.
He visto de cerca lo que ocurre cuando un niño que necesita apoyo recibe corrección constante.
Cuando una familia que busca orientación encuentra barreras.
Cuando un sistema educativo responde con rigidez en lugar de adaptación.
Y eso no es inclusión.
Es exclusión con otro nombre.
Hablar de neurodiversidad es hablar de derechos.
Del derecho a una educación que se adapte al estudiante, no al revés.
Del derecho a ser comprendido sin ser limitado por etiquetas.
Del derecho a desarrollar sus capacidades sin ser constantemente corregido por ser diferente.
Pero también es hablar de responsabilidad.
De instituciones que deben garantizar más que discursos.
De profesionales que tienen la obligación de formarse y actualizarse.
Y de una sociedad que no puede seguir ignorando una realidad que ya está presente en cada aula, en cada comunidad, en cada familia.
Esta columna nace con una convicción clara:
no estamos hablando de un tema opcional, sino de una deuda social.
Porque la inclusión no puede seguir siendo un ideal aspiracional.
Tiene que convertirse en una práctica medible, visible y sostenida.
Y eso comienza con un cambio profundo:
Dejar de ver la diferencia como algo que hay que corregir…
y empezar a entenderla como una forma legítima de existir.
Porque, al final, la verdadera medida de una sociedad no está en cómo trata a la mayoría…
sino en cómo responde a quienes piensan, sienten y aprenden diferente.
Y en eso, todavía tenemos mucho por hacer.
Maxi Feliz
Abogada | Educadora | Defensora de los derechos neurodivergentes | Pionera de la Investigación Jurídica Sobre Autismo en RD.



