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Indignación en NY: Mamdani entrega bolígrafo de acto en honor al 11-S a exabogado de miembro de Al-Qaeda

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El Pregonero, Nueva York.– El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, firmó una orden ejecutiva en honor a las víctimas de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 y posteriormente dispuso que el bolígrafo utilizado durante la ceremonia fuera entregado a Ramzi Kassem, su principal asesor jurídico, quien anteriormente representó a Ahmed al-Darbi, miembro de Al-Qaeda que se declaró culpable de cargos relacionados con terrorismo.

La decisión ha generado cuestionamientos por el simbolismo del gesto y por la sensibilidad que rodea cualquier acto oficial relacionado con la memoria de las víctimas del 11-S.

Ramzi Kassem mantiene, además, una relación sentimental con Darializa Ávila Chevalier, candidata demócrata al Congreso por el Distrito 13 de Nueva York, relación que ha sido reconocida públicamente por Ávila Chevalier y reportada por medios locales.

El episodio adquiere una dimensión especialmente sensible debido a que al-Darbi era cuñado de Khalid al-Mihdhar, uno de los secuestradores del vuelo 77 de American Airlines, que fue estrellado contra el Pentágono durante los atentados del 11 de septiembre de 2001.

La acción ocurre precisamente cuando Nueva York se prepara para conmemorar el 25.º aniversario de los atentados, una fecha profundamente arraigada en la memoria de las familias de las víctimas, sobrevivientes, policías, bomberos, rescatistas y millones de estadounidenses.

Aunque haber representado legalmente a una persona acusada de terrorismo no implica compartir sus actos ni su ideología, los cuestionamientos no se centran en el derecho de Kassem a ejercer como abogado defensor, sino en la decisión del alcalde y en el simbolismo del objeto que decidió entregarle.

El bolígrafo utilizado para firmar una disposición oficial relacionada con la memoria de las víctimas del 11-S trasciende, en ese contexto, su función como simple instrumento de escritura y adquiere un carácter ceremonial vinculado a uno de los acontecimientos más dolorosos de la historia de Nueva York.

Por ello, el gesto puede ser considerado por críticos de la decisión como una muestra de insensibilidad hacia quienes perdieron familiares aquel día y hacia la memoria de las casi 3,000 personas asesinadas durante los ataques.

La controversia deja una pregunta sobre la mesa: ¿cómo pudo la Alcaldía de Nueva York no anticipar el impacto que tendría entregar precisamente ese símbolo a una persona cuyo pasado profesional incluye la defensa de un miembro de Al-Qaeda?

No se trata de cuestionar el derecho constitucional a la defensa ni el ejercicio profesional de un abogado. El debate gira en torno al criterio, la sensibilidad y la responsabilidad institucional que deben acompañar los actos relacionados con una tragedia de semejante magnitud.

Nueva York puede albergar profundas diferencias políticas, religiosas e ideológicas, pero la memoria del 11 de septiembre debería permanecer por encima de todas ellas.

A 25 años de aquella tragedia, las víctimas y sus familias merecen que cada acto oficial relacionado con el 11-S sea tratado con la solemnidad y el respeto que exige su memoria.