Opinión

El momento de David

Por Yayo Sanz Lovatón


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La República Dominicana vive, como el mundo entero, un momento transformador. Fue el primer ministro de Canadá, Mark Carney, quien mejor lo expresó: asistimos a la ruptura del orden mundial que emergió de la Segunda Guerra Mundial. Los consensos que sostuvieron el libre comercio dan paso a un mundo distinto, todavía en formación. Años de pandemia, de guerras y de cambios tecnológicos, donde la inteligencia artificial transforma la manera en que lo hacemos todo, nos presentan un mundo incierto.

En medio de esa incertidumbre, la República Dominicana ha tenido la bendición de contar con Luis. Un presidente que ha sabido sortear la ola, con estadísticas que no dejan lugar a dudas: el crecimiento económico más importante de América Latina, récords en turismo y en exportaciones, hambre cero. Pero su legado no es solo económico. Es institucionalidad: el fin del caudillismo y un Ministerio Público independiente.

Como si los retos geopolíticos y tecnológicos fueran pocos, un clima comunicacional cada vez más severo nos retrata una sociedad en plena confrontación. Los fenómenos que crecen en las redes sociales pueden ser hoy más influyentes que cualquier sector tradicional, y una tendencia puede pesar más que una ley. Eso nos obliga a ser más enérgicos en la defensa de nuestros valores.

Ese legado no se puede defender desde la ambición personal, por legítima que sea. No puede ser la segunda prioridad de quienes hemos sido testigos de esta historia. Como dije hace unos días: debemos defender lo colectivo, no lo individual.

Así se le presentan las cosas a una generación que gobierna junto a Luis y que aspira a continuar su obra, mejorándola, para defender su legado. Una generación que tiene los libros de historia de guía: sabemos lo que se logró cuando la causa fue más grande que los nombres, y sabemos que cada vez que fue al revés, el precio no lo pagó el partido, lo pagó la República Dominicana perdiendo años que no le sobraban.

Por eso, después de caminar el país palmo a palmo durante casi dos años; de haber reunido un equipo que cuenta con senadores como los de Samaná, La Altagracia, San Francisco y Pedernales; con diputados y diputadas de todo el país; con alcaldes de algunas de las principales ciudades, como Dío en Santo Domingo Este, Alex en San Francisco de Macorís o Leo en El Seibo; y más que estas figuras, con amigos y compañeras en todos los rincones del territorio; y después de haber vivido la fundación de este partido como su Secretario de Finanzas desde el día cero, puedo afirmar, luego de ver, escuchar y sentir, que llegó el momento de nuestra generación. Una generación nacida a finales de los setenta y principios de los ochenta, que debe asumir la antorcha en este momento. Con madurez, y con el realismo que hace falta para poder soñar.

El representante de esa generación no es otro que David Collado.

Lo dicen las encuestas, sí. Lo dice su trabajo en Turismo y como Alcalde de la ciudad de Santo Domingo. Pero más que eso, lo dice una historia de sacrificio que anuncia su futuro. David está formado, ha sido disciplinado, y sus resultados lo han colocado en el sitial que hoy se encuentra: el diputado más votado, el alcalde que venció al Estado, el ministro que logra y logra. Tengo con él una amistad forjada en la Anacaona y el millón de los noventa, de un Santo Domingo que ya solo vive en nuestra memoria. David es circunspecto y reservado, sí, quizás hasta tímido. Pero es profundo en su formación, riguroso en su método, tenaz en sus propósitos.

Les cuento esta historia. Corría el lejano año 2005. Yo trabajaba con Hatuey en lo que era el PRSD y aspiraba a diputado. Él me llamó para reunirnos, y aquella reunión fue en la Abraham Lincoln, por donde estaba, y aún está, HYH. No tenía forma de saberlo entonces, pero esa fue una de las primeras veces que vi una práctica suya que con los años me tendría harto, porque siempre terminaba teniendo razón: me enseñó su primera encuesta, donde ya salía puntero entre todos los que aspirábamos. Lo llevé a conocer a Hatuey, quien para mi sorpresa ¡le ofreció mi candidatura! Él, con mucha educación, se negó, y después me dijo que irse del PRD en ese momento era una locura. Un año más tarde, yo perdería las elecciones y a él le robarían su candidatura.

Si adelantamos el reloj veinte y tantos años, habría que sumar los logros de un profesional del derecho con los de un emprendedor que se inicio en el comercio y terminó formando parte de grandes empresas financieras y de distribución. Dos carreras políticas donde uno jamás ha perdido y el otro jamás se ha rendido. Dos testigos de la lucha de Luis por llegar al poder: yo lo acompañé desde el principio, y en él no ha tenido Luis un más cercano colaborador.

El momento es ahora: unificarnos y presentarle a la sociedad, frente a tantos retos, una propuesta probada y novedosa. Porque las decisiones que unen tienen valor cuando todavía se pueden tomar. Cada vez que hemos empujado en la misma dirección, la República Dominicana avanzó. Cada vez que nos dividimos, se detuvo. Esa es toda la historia, y no tiene más misterio.

Conmigo cuentas, David.

¡Vamos!