Por: Luis Mariano Nova/ Miembro de la Dirección Central (DC) de la Fuerza del Pueblo y delegado político ante la OCLEE (JCE) de Miami.
Pocos líderes políticos del continente han sido sometidos a procesos de desmonte, “chapeo” y persecución política como los que se han ejecutado contra el tres veces presidente de la República Dominicana, Dr. Leonel Fernández.
De ser el presidente que durante su primer cuatrienio gubernamental (1996-2000) lideró la gran ola de transformaciones sociopolíticas y tecnológicas del país, pasó a protagonizar un regreso excepcional cuatro años más tarde, con la misión de recuperar a la República Dominicana de la que muchos consideran la peor gestión gubernamental de su historia republicana. Me refiero al desempeño del gobierno del período 2000-2004, sobre el cual no profundizaré en esta ocasión, dado que esa historia es ampliamente conocida por el pueblo dominicano.
En la historia política dominicana constituye un hecho sin precedentes que un líder político, y más aún ejerciendo la Presidencia de la República, entregue el poder a un compañero de su propio partido, luego de haber sido adversado en las luchas intrapartidarias, dedicando todos sus esfuerzos y empeño a que su sucesión permaneciera en manos de su organización política.
El candidato presidencial de 2012 del partido que lideraba Leonel Fernández tenía escasas posibilidades, por sí mismo, de ganar aquellas elecciones frente al mismo adversario que había derrotado contundentemente al PLD en el año 2000. Basta recordar que, en la primera vuelta de esos comicios, el candidato opositor obtuvo el 49.6 % de los votos, mientras que el candidato oficialista apenas alcanzó un 26 %, muy por debajo del 36 % logrado por Leonel Fernández en la primera vuelta de las elecciones del 16 de mayo de 1996.
A pesar de ello, durante su segunda y tercera gestión gubernamental, Leonel Fernández impulsó desde la primera magistratura de la Nación la más trascendente ola de transformaciones supraestructurales en los órdenes jurídico, económico y político, convirtiendo a la República Dominicana en una nación pujante en términos económicos, fortalecida en el ámbito jurídico y más moderna gracias a la reforma de las instituciones del Estado para que pudieran cumplir de manera más eficiente su misión de servicio. La proclamación de una nueva Constitución Social y de Derechos, en el año 2010, fue el colofón de esa gran ola de transformaciones, que atrajo la atención y el interés de gobiernos de países vecinos.
Durante la gran crisis financiera, económica y alimentaria que azotó al mundo entre 2009 y 2011, la economía mundial sufrió una profunda contracción. Economías de Europa, Asia y América enfrentaron severas dificultades; los precios de los combustibles de origen fósil alcanzaron niveles nunca antes vistos; quebraron bancos e incluso gobiernos; la producción mundial de alimentos cayó de forma extraordinaria, generando escasez, carestía y hambre en numerosos países, mientras el desempleo aumentaba a escala planetaria.
Sin embargo, en medio de ese naufragio de la economía mundial, la economía dominicana crecía de manera sostenida a un ritmo cercano al 8 %, despertando el asombro de la comunidad internacional. El gobernante dominicano, formado en las enseñanzas del ilustre profesor Juan Bosch y en el estudio de las principales corrientes del pensamiento filosófico, político y económico, fue convocado a importantes cónclaves internacionales donde coincidían reyes, príncipes, presidentes, primeros ministros, gobernantes de grandes, medianas y pequeñas economías, así como catedráticos, filósofos y economistas de las más diversas escuelas de pensamiento, para explicar el llamado “fenómeno dominicano”: el extraordinario crecimiento económico del país en medio de la peor crisis económica, financiera y alimentaria que había golpeado al mundo en los últimos 80 años.
Sin embargo, tras entregar el poder el 16 de agosto de 2012, desde el mismo despacho presidencial se inició un proceso de desmonte, “chapeo” y persecución política precisamente contra el hombre que prefirió pasar la antorcha del poder a uno de sus propios compañeros y no a un adversario político. La historia de lo ocurrido a partir de entonces es ampliamente conocida.
No obstante, el tiempo, que suele colocar cada acontecimiento en su justo lugar, hoy reivindica a Leonel Fernández como uno de los más grandes estadistas dominicanos y, según el autor, lo posiciona en condiciones altamente favorables para ganar las elecciones de 2028. Ello le permitiría, una vez más, hacer lo que mejor sabe hacer: recuperar al país del decrecimiento económico, del desempleo, de la falta de oportunidades para la juventud, de la carestía de los alimentos, de la inseguridad y de la corrupción en las instituciones públicas.
En definitiva, para iniciar una tercera gran ola de transformaciones y soluciones para la República Dominicana.



