Opinión

Alofoke presidente: el mayor absurdo político de la era digital

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Por Carlo Lara

La popularidad en las redes sociales no sustituye la formación política, la experiencia de Estado ni la fortaleza del sistema de partidos de la República Dominicana.

Plantear en el debate público la posibilidad de que Santiago Matías, conocido como «Alofoke», pueda convertirse en presidente de la República constituye, a nuestro juicio, uno de los mayores absurdos políticos de los últimos tiempos.

Nuestra reflexión no parte del resentimiento ni de prejuicios personales. Se fundamenta en un principio que debería prevalecer en cualquier análisis serio: la lógica.

La lógica, entendida como la ciencia del razonamiento y considerada la base del sentido común, nos obliga a preguntarnos si una persona cuya trayectoria se ha desarrollado principalmente en la creación de contenido de entretenimiento, orientado a captar la atención y generar interacción en las redes sociales, posee las condiciones necesarias para dirigir un Estado.

En ese sentido, vale recordar la reflexión del político y revolucionario francés Georges-Jacques Danton, quien sostenía que para transformar una forma de gobierno son necesarias varias generaciones y, sobre todo, la formación de nuevos ciudadanos.

Ante esa premisa surge una pregunta inevitable: ¿está Santiago Matías preparado para contribuir a la formación de una nueva ciudadanía y encabezar un verdadero proyecto de transformación nacional?

Quienes impulsan esta narrativa parecen olvidar que, en la República Dominicana, una candidatura presidencial no depende únicamente de la popularidad, la cantidad de seguidores, los «likes», los récords alcanzados o la influencia en las plataformas digitales. Nuestro sistema político continúa sustentándose en partidos consolidados y en estructuras respaldadas por importantes sectores económicos, empresariales y sociales, tanto nacionales como internacionales.

Al señor Santiago Matías le haríamos una recomendación: no permita que sectores políticos que ayer fueron mayoritarios y hoy han perdido respaldo popular utilicen su imagen, su patrimonio o su influencia con fines particulares. Una eventual candidatura presidencial, en las condiciones actuales, representa un enorme desafío dentro de un sistema político dominado por organizaciones partidarias y no por figuras mediáticas.

Afirmar que Santiago Matías será presidente de la República constituye un engaño para él y para quienes creen que la fama digital equivale al respaldo electoral. Esto no significa, en modo alguno, que no tenga derecho a aspirar al cargo, como cualquier ciudadano dominicano, puede hacerlo siempre que cumpla con los requisitos establecidos por la Constitución.

Sin embargo, también corresponde preguntar: ¿conocen quienes promueven esa candidatura las responsabilidades que implica gobernar un Estado? ¿Posee Santiago Matías la preparación necesaria para administrar la economía nacional, comprender el funcionamiento del aparato productivo, atraer inversión extranjera, manejar las relaciones internacionales y enfrentar los complejos desafíos de un país en vías de desarrollo?

A nuestro entender, muchas personas confunden la popularidad en las redes sociales con el liderazgo político. Se trata de un fenómeno que hemos definido anteriormente como la ilusión digital aplicada a la política.

Ser famoso en redes sociales y plataformas digitales no garantiza votos. La política exige formación humana, preparación académica, inteligencia emocional, prudencia, capacidad de negociación y una profunda comprensión del Estado y de la sociedad.

Quienes promueven esta idea también olvidan que los seguidores en las plataformas digitales no constituyen un voto seguro. Tener millones de seguidores no significa contar con millones de electores.

Sería interesante conocer la opinión de las principales organizaciones empresariales del país sobre una eventual candidatura de Santiago Matías.

Instituciones como el Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP), la Asociación de Industrias de la República Dominicana (AIRD), la Asociación de Industriales de la Región Norte (AIREN), la Federación Dominicana de Cámaras de Comercio (FEDOCÁMARAS), la Confederación Dominicana de la Pequeña y Mediana Empresa (CODOPYME), la Asociación Dominicana de Zonas Francas (ADOZONA), la Asociación de Hoteles y Turismo de la República Dominicana (ASONAHORES), la Junta Agroempresarial Dominicana (JAD), la Organización Nacional de Empresas Comerciales (ONEC), la Asociación de Constructores y Promotores de Viviendas (ACOPROVI), la Asociación de Bancos Múltiples de la República Dominicana (ABA), la Asociación Dominicana de la Industria Eléctrica (ADIE), la Cámara Minera Petrolera de la República Dominicana (CAMIPE) y la Asociación Dominicana de Exportadores (ADOEXPO), entre otras, representan pilares fundamentales del aparato económico nacional, por lo que su visión sería relevante para este debate.

Conviene recordar que la Presidencia de la República no es un espectáculo ni una competencia de popularidad. Gobernar una nación exige conocimiento, responsabilidad, visión estratégica y un profundo compromiso con el bienestar colectivo.

La ola de populismo que ha ganado espacio en diversos sectores sociales ha llevado a muchos a creer que el desarrollo de un país depende de llevar al poder a un influencer. Esa idea desconoce la complejidad de la gobernanza, la estabilidad institucional, las relaciones internacionales, el manejo de la economía, la seguridad jurídica y la administración pública.

Dirigir un país no es un juego. Es una de las mayores responsabilidades que puede asumir un ciudadano. Implica trabajar por el futuro de los jóvenes, proteger a la niñez, garantizar oportunidades para las mujeres, fortalecer las instituciones y preservar la dignidad de toda la sociedad.

Por eso insistimos: la popularidad puede abrir puertas, pero jamás sustituirá la preparación, la experiencia y la capacidad de gobernar un Estado.

Carlo Lara M.A
Periodista | Máster en Marketing Digital y Redes Sociales
829-574-2009 | IG: @ el_periodista_