Un profesor baila, un grupo de jóvenes lo sigue, una comunidad observa. Y el país… se ríe.
El video de un profesor de batón ballet en El Cercado se ha viralizado en redes sociales, pero no por lo que debería: disciplina, coordinación, trabajo en equipo. Se ha hecho viral por la burla. Por los comentarios. Por el juicio inmediato. Por la necesidad constante de convertir todo en entretenimiento superficial.
Pero hay algo más profundo que no estamos queriendo ver.
El batón ballet —una expresión cultural popular profundamente arraigada en comunidades dominicanas— ha sido durante décadas una de las pocas plataformas accesibles donde niñas y adolescentes encuentran estructura, pertenencia y propósito. No es un lujo. No es una moda. Es una herramienta social.
Mientras gran parte del debate público se enfoca en la conducta de los jóvenes, en su exposición a contenidos inadecuados o en la falta de disciplina, aquí hay un espacio que, con recursos mínimos, hace exactamente lo contrario: organiza, forma y canaliza energía.
Y aún así, lo ridiculizamos.
No es la primera vez que ocurre. En República Dominicana existe una tendencia preocupante a despreciar lo propio, especialmente cuando nace en contextos populares. Se celebra lo importado, se imita lo extranjero, pero se caricaturiza lo que surge de nuestras comunidades.
El problema no es el batón ballet.
El problema es la mirada con la que lo estamos evaluando.
Porque lo que muchos están señalando no es la actividad en sí, sino la forma en que el profesor se mueve, se expresa, ocupa el espacio. Es decir, no estamos criticando una práctica cultural: estamos reaccionando a una expresión corporal que no encaja en ciertos moldes tradicionales.
Y eso también dice mucho de nosotros.
En una sociedad que enfrenta retos reales en materia de formación juvenil —desde la deserción escolar hasta la exposición temprana a contenidos nocivos— resulta contradictorio que los pocos espacios que promueven disciplina y organización sean objeto de burla colectiva.
La pregunta no es por qué ese video se hizo viral, la pregunta es por qué lo que representa nos incomoda.
Porque detrás de ese video hay horas de ensayo, hay liderazgo, hay una comunidad organizada. Hay jóvenes ocupando su tiempo en algo que exige esfuerzo, coordinación y compromiso.
Y hay un adulto presente, guiando, eso, en el contexto actual, no debería ser motivo de burla. Debería ser motivo de reflexión.
Nos preocupa la conducta de los jóvenes. Pero nos reímos de lo poco que todavía los estructura.
Nos inquieta la falta de valores. Pero ridiculizamos los espacios donde se enseñan. Nos alarma la pérdida de rumbo. Pero deslegitimamos a quienes intentan ofrecer dirección.
Y luego, inevitablemente, nos preguntamos qué está fallando.
Tal vez la respuesta no está en lo que falta. Tal vez está en lo que estamos despreciando.



