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Las dominicanas también luchan por escribir su propio futuro

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Por Abril Peña

La historia dominicana está llena de mujeres que abrieron caminos en momentos en los que casi nadie imaginaba verlas en esos espacios. Educadoras, líderes políticas, científicas, activistas, artistas y deportistas han demostrado que el talento y la capacidad no tienen género.

Sin embargo, detrás de esos avances convive una realidad más compleja. En pleno siglo XXI, muchas mujeres dominicanas siguen enfrentando desafíos estructurales que limitan sus oportunidades, afectan su seguridad y condicionan su desarrollo.

No se trata de negar los avances logrados, sino de entender que el progreso no ha sido igual para todas.

Violencia que sigue marcando la vida de muchas mujeres

Uno de los retos más graves continúa siendo la violencia de género. En República Dominicana se han registrado decenas de miles de denuncias de violencia contra las mujeres y violencia intrafamiliar. Solo hasta agosto de 2024 se habían reportado más de 40,500 casos, incluyendo miles de delitos sexuales y decenas de feminicidios.

Detrás de esas cifras hay historias de mujeres que enfrentan agresiones físicas, psicológicas y económicas dentro de sus propios hogares. La violencia intrafamiliar representa la mayor parte de las denuncias registradas por las autoridades, lo que demuestra que este problema sigue profundamente arraigado en la sociedad.

Aunque existen leyes y mecanismos de protección, el desafío sigue siendo transformar patrones culturales que durante décadas normalizaron estas conductas.

Embarazo adolescente: un problema persistente

Otro de los grandes desafíos es el embarazo en adolescentes. A pesar de algunos avances recientes, el país mantiene una de las tasas más altas de América Latina.

La tasa de fecundidad adolescente ronda los 77 nacimientos por cada mil jóvenes entre 15 y 19 años, una cifra que sigue siendo elevada para la región.

En 2025, el sistema de salud dominicano registró más de 15,000 partos en niñas y adolescentes menores de 19 años, lo que representó cerca de una quinta parte de los nacimientos del país.

Este fenómeno no solo afecta la salud de las adolescentes, sino también sus oportunidades educativas y económicas. Muchas jóvenes abandonan la escuela y enfrentan mayores dificultades para integrarse al mercado laboral.

Pobreza con rostro femenino

Aunque las mujeres dominicanas tienen niveles educativos incluso superiores a los hombres en algunos niveles, esto no siempre se traduce en igualdad económica.

Diversos estudios han señalado que las mujeres enfrentan menores ingresos, menor participación en la fuerza laboral y mayores niveles de pobreza, además de concentrarse con mayor frecuencia en empleos informales o de baja productividad.

En muchos hogares dominicanos, las mujeres asumen la responsabilidad principal del cuidado de los hijos, los adultos mayores y el trabajo doméstico, tareas que siguen siendo mayoritariamente no remuneradas.

Esta realidad limita sus posibilidades de crecimiento profesional y económico.

El techo de cristal y el suelo pegajoso

Las barreras económicas y laborales se manifiestan de distintas maneras.

Por un lado está el techo de cristal, una barrera invisible que limita el acceso de las mujeres a posiciones de liderazgo y toma de decisiones.

Pero también existe lo que algunos especialistas llaman el suelo pegajoso o suelo lodoso: condiciones estructurales que mantienen a muchas mujeres atrapadas en trabajos precarios, con bajos salarios y pocas oportunidades de movilidad social.

Mientras algunas mujeres logran avanzar hacia posiciones de liderazgo, muchas otras siguen luchando por salir de contextos de vulnerabilidad.

Violencia política y participación pública

En la política dominicana también persisten desafíos. Aunque la presencia femenina ha crecido en el Congreso, en alcaldías y en espacios institucionales, las mujeres siguen enfrentando barreras adicionales.

Entre ellas se encuentran: ataques personales o descrédito público

menor acceso a financiamiento electoral, presión social sobre su rol familiar, violencia política y digital. Estas dinámicas pueden desincentivar la participación femenina en la vida pública.

Una lucha que todavía no termina

Reconocer estos desafíos no significa ignorar los avances. En las últimas décadas, las mujeres dominicanas han ganado presencia en la educación, la ciencia, la diplomacia, el deporte y la política.

Pero el verdadero reto es construir una sociedad donde esos avances no sean excepciones, sino la norma.

Porque el desarrollo de un país no se mide solo por su crecimiento económico o sus infraestructuras, sino también por las oportunidades reales que tienen sus ciudadanos.

Y en ese camino, garantizar que las mujeres puedan desarrollarse plenamente no es solo una cuestión de justicia. Es también una condición indispensable para el progreso de toda la sociedad.