Por Isis Alvarez.-
Este viernes la sociedad dominicana miró con espanto un audiovisual donde se observaba a una menor de entre dos a cinco años, según diferentes versiones siendo forzada a comer por una cuidadora de un centro guardería, cuido, estancia o párvulo.
¡El video es perturbador! Nos hizo temblar las piernas, debemos confesarlo.
Pensar que hay padres y/o tutores que tratan a sus niños con tanto amor y delicadeza para que una persona extraña los maltrate tan dramáticamente, paraliza.
Las estancias infantiles son espacios que acogen niños desde los cuatro o seis meses de nacidos con el objetivo de cuidarlos integralmente mientras los padres o tutores desarrollan sus compromisos laborales y/o académicos.
La verdad es que constituye un alivio contar con brazos seguros y llenos de amor para el trabajo de cuidado, educación y entretenimiento de los niños mientras sus familiares pueden buscar el sustento de cada día.
Algunos con la dicha de contar con madres que como abuelas y desempeñan el rol de cuidadoras con amor, esmero y protección extraordinarios pudiendo entonces prolongar el tiempo de ingreso en alguno de estos centros y/o el tiempo de estancia diario, es decir de 8:00am a 12:30pm, en vez de 8:00am a 4:30pm.
Lo que obliga a un mayor cuidado para la alimentación, sueño y descanso; además de actividades recreativas y pedagógicas adicionales.
Solo una madre sabe lo que significa dejar a sus hijos todos los días en un lugar donde se congregan otros niños, con costumbres distintas, pedagogos que no conocemos e incluso enfermedades virales que van y vienen.
Esos padres, especialmente las madres se mantienen durante su jornada laboral pendiente a esos niños vía telefóno y desde sus pensamientos.
Puede tratarse del centro educativo o guardería de mayor prestigio social con los protocolos más rigursosos de cuido y seguridad la inquietud en una madre y un padre siempre están.
Por supuesto que mientras más costoso es el centro mejores protocolos se observan para manejar la población infantil residente en ese lugar: higiene, metodología de estudio, juegos didácticos, juegos al aire libre, espacio adecuado, entre otros.
Otros aspectos a valorar es que trabajan el apego a la rutina, cantidad de cuidadores y calidad de pedagogos infantiles, comunicación diaria con los padres por medio al envío de fotos y videos sobre las actividades diarias que realizan los niños y su estado de ánimo.
Sin embargo, esos niveles y sistemas protocolares no exime de pecar a ningún cuidador o cuidadora, o a ningún centro escolar de fallar. Los seres humanos fallan y los protocolos también.
Por supuesto que a menor rigurosidad institucional mayores son los riesgos y no porque se quiera que un evento desafortunado le ocurra a un niño o niña sino por menores exigencias a la contratación de personal, entre otros elementos relevantes.
Máxime en una cultura de ignorancia donde el maltrato físico y sicológico es normal como forma de corrección y disciplina.
Como ocurrió el pasado viernes en una estancia infantil del Ensanche Ozama, en Santo Domingo Este ¡Imperdonable!
Pero, ¿quién vigila y acompaña desde el estado a estos centros para que casos como estos no ocurran?
Y es aquí donde nos hicimos las preguntas sobre qué tanto se vigilan y se supervisan estos centros especialmente sensibles que trabajan con el desarrollo de la primera infancia (de 0 a 5 años).
¿Qué tanto control y regulación reciben por parte del Estado como garante de la protección integral de niños, niñas y adolescentes?
Inquietudes que nos surgen a raíz del código del menor existente el cual está fundamentado en la ley 136-03.
Así como la ley 342-22 de primera infancia crea el sistema nacional de protección y atención integral a la primera infancia formándose así el instituto nacional de atención integral a la primera infancia (INAIPI), que asimismo crea los CAIPI y el programa CAIFI.
A INAIPI le corresponde según su ley y en atención a la Estrategia Nacional de Desarrollo 2030 que todos los órganos del Estado y la sociedad en su conjunto deben proteger a la niñez y adolescencia desde su nacimiento.
Le corresponde que las familias, la sociedad civil y la comunidad sean corresponsables junto al Estado en la protección y desarrollo de los niños y las niñas en la primera infancia, fortaleciendo un entorno protector que garantice su bienestar.
Que, en consonancia con el Decreto núm.102-13, se hace necesario desarrollar el Sistema Nacional de Protección y Atención Integral a la Primera Infancia y crear mediante ley, el Instituto Nacional de Atención Integral a la Primera Infancia (INAIPI), como ente autónomo responsable del desarrollo e implementación de la atención integral de los niños y niñas de 0 a 5 años y sus familias.
Que, en la adecuación estructural y funcional del Instituto Nacional de Atención Integral a la Primera Infancia a los lineamientos establecido en la Ley núm.247-12, de la administración pública, ampliará su alcance institucional y operativo, fortaleciendo el desarrollo de su misión.
Artículo 4.- Principios de la ley.
Articulación. Los organismos y las instituciones prestadoras de servicios a la primera infancia deben llevar a cabo las articulaciones, coordinaciones y comunicaciones necesarias para el buen funcionamiento de los mecanismos requeridos.
Artículo 6.- Integración del sistema.
Formando parte 10 entidades gubernamentales.
MP. MINERD. MSP. MEPyD. Hacienda. Ayuntamientos. INAIPI. CONANI. CNSS. CONADIS.
Artículo 9.- Se crea el Consejo consultivo
Este será dependiente del ministerio de la presidencia como rector de consulta, opinión, orientación y recomendación de políticas sobre protección y atención a esa primera infancia.
Por lo que nos preguntamos visto el alcance de estas leyes, sistemas y reglamento de aplicación si es inaipi solo estancias infantiles.
Nos preguntamos si se cumplen sus objetivos y el alcance de su ley. Como también nos hacemos la pregunta si solo le corresponde manejar la infancia que forma parte de sus centros o la primera infancia en general.
Sería importante saber de qué manera están trabajando Conani y Gana junto al Inaipi.
Y nos preguntamos más solo que por razones de espacio dejaremos hasta aquí.
El lema de que ser niño y niña nunca habría sido mejor lo podremos decir a boca llena solo cuando nuestra niñez y adolescencia tenga excelentes garantías de bienestar y desarrollo.
La escritora es periodista, comunicadora y defensora de los derechos de la niñez.



