Opinión

Una realidad: nos quejamos hoy de lo que promovimos ayer

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Lic. Luis Ma. Ruiz Pou

Nos hemos convertido en una sociedad que protesta contra sus propias conquistas. Lo que ayer defendimos como avances irrenunciables, hoy lo señalamos como fuente de desorden, confusión o exceso. La queja se ha vuelto un espejo incómodo: refleja no solo nuestras frustraciones actuales, sino también las decisiones colectivas que tomamos con entusiasmo y que ahora parecen desbordarnos. Quejarse, entonces, no es solo un desahogo; es un síntoma de una tensión más profunda entre las libertades que promovimos y las consecuencias que no siempre previmos.

La Biblia afirma de forma clara y reiterada la igualdad esencial de todos los seres humanos ante Dios. “Y creó Dios al ser humano a su imagen… a imagen de Dios lo creó” (Génesis 1:26-27). Todos los seres humanos, sin distinción, comparten la misma dignidad porque todos son imagen de Dios. “De una sola sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra” (Hechos 17:26). De ahí que la Biblia enseña que la dignidad humana es universal y no depende de raza, color, nación o estatus.

El Papa, en la encíclica Fratelli Tutti (2020), ha defendido reiteradamente un mundo y sin muros excluyentes: “Los muros no dan seguridad”, “Nadie se salva solo”, “Las fronteras no deben convertirse en muros que separan”. Estas consideraciones fueron parte del espíritu que inspiró la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948.

Principios fundamentales: – Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos. – Igualdad y no discriminación sin distinción de raza, sexo, religión, idioma, origen o condición. – Libertad de pensamiento, conciencia y religión. – Libertad de expresión. – Libertad de movimiento. – Derecho a la vida, la libertad y la seguridad personal, entre otros derechos.

Organizaciones sin fines de lucro (ONGs) promovieron estos mismos principios en los Estados. 

Comunidad LGBTQ: Término usado y aceptado internacionalmente, tanto en derechos humanos como en ámbitos sociales y académicos. En contextos más específicos también, puede decirse “comunidad gay y lésbica”, pero hoy se considera incompleto porque excluye otras identidades. En el ámbito de los derechos humanos se habla de diversidad sexual, orientación sexual e identidad de género.

Derecho al aborto: Se promovió el derecho de una mujer gestante a decidir interrumpir un embarazo bajo determinadas condiciones legales, médicas y temporales establecidas por cada Estado. Esto se fundamenta en derechos asociados a la vida, la salud, la dignidad humana, la autonomía, la decisión sobre el propio cuerpo, a no sufrir tratos crueles, inhumanos o degradantes, y a la igualdad y no discriminación. El Comité de Derechos Humanos de la ONU sostiene que penalizar totalmente el aborto puede violar derechos humanos.

Igualdad de género: Mujeres, hombres y personas de diversas identidades de género— tengan los mismos derechos, oportunidades, responsabilidades y trato, sin discriminación basada en su sexo o género. La igualdad de género no busca que todas las personas sean iguales en todo, sino que tengan las mismas posibilidades de desarrollarse plenamente, sin que su género limite su vida, sus decisiones o su futuro.

Estos derechos y libertades, en algunos casos, se han interpretado como libertinaje. Convertimos libertades en permisos ilimitados y ahora nos sorprende el desorden. La queja no nos exime de responsabilidad. Si de verdad aspiramos a una sociedad más humana, debemos atrevernos a revisar nuestras propias banderas, reconocer dónde confundimos emancipación con capricho y recuperar el sentido ético que alguna vez dio origen a estas luchas. Quejarnos no basta; toca rectificar; sin embargo, somos indiferente frente a estos derechos consumados.