Cuando una voz interna se atreve a decir lo que muchos murmuran, el incendio deja de ser rumor para convertirse en realidad política. Y anoche, quien prendió esa chispa fue la diputada perremeísta por Santiago, Soraya Suárez, lanzando un misil directo al corazón del discurso de José Ignacio Paliza.
“Faltó que el PRM le pidiera excusas al país…”, dijo. Y ahí mismo tembló el escenario.
Porque Soraya no habló como dirigente opositora ni como analista crítico; habló como oficialista harta, como parte de un partido que prometió cambio, pero que hoy está atrapado explicando extradiciones, vinculaciones turbias y boletas que parecen más expedientes que candidaturas.
Y tiene razón en algo: si el PRM quiere seguir vendiendo moral, primero tiene que revisar el inventario.
No basta con endurecer controles después del escándalo. No basta con discursos de mano dura cuando la mano fue floja al momento de inscribir a quienes hoy avergüenzan al partido.
Lo dijo Soraya, no la oposición: “No es verdad que prometimos un cambio para repetir los mismos vicios del pasado.”
En política, cuando las críticas vienen de afuera, se manejan. Pero cuando vienen de adentro…duelen, pesan y revelan grietas.
Y lo de anoche no fue grieta: fue una rajadura completa.
El PRM está a tiempo de corregir. Pero que quede claro: La tapa se levantó desde adentro… y Soraya fue quien la tiró caliente.



