Por Abril Peña
Lo pasado en el Tribunal Superior Electoral no tiene parangon en la historia jurídica nacional, empezando por algo tan sencillo de que una parte de los interesados ya se había desapoderado o no están en el PRD y aún así continúan en la causa, continuando con el desafío y el desacato al Tribunal Constitucional usando al PRD como chivo expiatorio sabrá Dios tras que fines expurios y terminando con la lectura de los razonamientos de los dos jueces en contra que habla de la gravedad de lo sucedido.
Algunos «perredeistas» tras la busqueda del poder han perdido el tino hasta el punto de poner en riesgo la existencia misma del partido del jacho y tal vez de verdad piensan que los 4230 candidatos que podrían quedarse fuera, eso sin contar los miles de perredeistas que se encuentran en los ayuntamientos como segunda fuerza municipal del país (aunque les duela a muchos) y en las oficinas de los diputados que tenemos en el Congreso Nacional se lo vamos a agradecer. Y sí dejo la parcialidad periodística y la prudencia con la trato siempre de manejar los temas internos de mi partido, porque yo también aspiro y ahora tengo que distraerme al igual que otros miles de aspirantes, de nuestro proceso para perder el tiempo y posiblemente nuestras carreras políticas de pasar lo peor.
Es el viejo refrán de quedarse ciego con tal de dejar al otro tuerto, algo muy parecido a lo acontecido en aquellas congresuales donde tras una componenda de algunos que estan dentro y otros que estan fuera ya, aún sacando más votos, más alcaldes y más diputados, mágicamente nos quedamos sin senadores en una operación matemática inexplicable en un juego infantil de afilar cuchillo para su propia garganta, pensando absurdamente que tienen el liderazgo del líder máximo del PRD José Francisco Peña Gómez y podrían luego reconstruir lo que ayudaron a destruir.
Judicializar la política es peligroso sobretodo cuando no se tiene ni la estructura, ni el liderazgo para defender con votos lo que se quiere, y lo que sí se tiene es carisma, inteligencia y la palabra fácil de encantadores de serpientes que se montan en el disgusto de algunos compañeros que entienden que no estan disfrutando de las mieles del poder.
Los caballos de Troya, el grupeo y las mezquindades han dividido al PRD una y otra vez y como la serpiente aquella continuamos mordiendonos la cola en una espiral destructiva que solo jode a los más chiquitos y a la estructura que con tanto sacrificio construyeron hombres y mujeres que merecieron mejor suerte que tenernos a nosotros de herederos. La prudencia debería primar y dejar de jugar con el futuro de aquellos que nos la hemos jugado para llevar al PRD a los lugares cimeros que siempre ha tenido en sus 80 años de historia.
¡Así no compay Gallo!



